martes, 6 de noviembre de 2012

Disciplina o autodisciplina. Primera parte


¿Cuántas veces habré escrito un plan, perfectamente elaborado y meditado, con un objetivo definido y claro, y luego no lo he cumplido?

Idear un camino, hacia un objetivo deseado, es relativamente fácil.

Mantenerse en ese camino no es tan fácil.

Nos pasa a muchos (y muchas) con el peso, con la forma física. “Este año voy a hacer deporte y voy a hacer una dieta – esta que me ha dado mi amiga es muy fácil de seguir – y voy a bajar de peso, y …”

La idea es buena, el objetivo claro y deseado, los medios están a mi alcance, sé cómo conseguirlo. Pero al cabo de un tiempo se acabó el impulso.

Falta disciplina. Autodisciplina.

Como cualquier otra habilidad mental, la autodisciplina puede entrenarse. Buscamos mejorar en la capacidad de controlarnos, mejorar el rendimiento; no queremos ser espartanos (bueno, a lo mejor en algún aspecto sí que nos gustaría).

Para que cualquier actividad se mantenga en el tiempo, hay que dotarla de motivación, de emoción; es necesario saber porqué, cuál es la causa o la meta que se persigue con esa acción.

Por esto es importante clarificar los objetivos y las metas, tanto generales como particulares de estudio, de trabajo, etc. Comprometerse con estos objetivos, evaluando qué importancia tienen los objetivos para la persona, de este modo se dota de “emoción” a la actividad.

Algunas causas de fracaso en el mantenimiento de planes son: establecer objetivos poco realistas o poco desafiantes, falta de atención al entorno en el momento de la planificación, falta de claridad en la formulación de los objetivos, planificación irreal de tiempos y tareas, costumbres de trabajo, falta de motivación, realización de las actividades “por obligación”.

Una ruta hacia la mejora en este sentido puede pasar por:

1º Filtrar objetivos, definirlos.

    - Es decir, tomar aquellas metas que son importantes para nosotros, aquello que de verdad queremos conseguir. Las preguntas son ¿porqué quiero conseguir esta meta?, ¿qué ganaré si la consigo?, ¿a qué tengo que renunciar para obtenerla?

    Algo que ya habremos hechos en la planificación.

   Algunas metas, algunos objetivos deseados, no son nuestros, sino algo impuesto por el ambiente, o por presiones familiares o del entorno. Pongamos en primer lugar a nuestro ego.

2º Positivizar: confianza, motivarse, dotar de interés y emoción la meta.

   Una vez que tengamos nuestra lista de objetivos, y una vez comprobado que no son contradictorios, hay que dotarlos de emoción. La respuesta a la pregunta de porqué quiero esta meta es la clave de este paso. La meta deseada, aquello que se quiere con “fiereza”, se obtiene con seguridad.

3º Planificar, plazos y etapas.

   También hemos tratado este tema en entradas anteriores. Descomponer la meta en pasos, establecer puntos de apoyo, ayudas, hacer un listado de los recursos con los que contamos. Planificar en resumen cada etapa.

   Y para cada etapa cumplida, para cada pequeña meta estableceremos premios, cada una debe “celebrarse”, premiarse. Tomando cada etapa como un desafío, pero un reto que tiene premio (que será el que cada uno prefiera).

   Además de los objetivos “externos”, también es muy bueno hacer una lista de los elementos de cambio que queremos para nosotros, elementos de cambio interiores, junto con los nuevos elementos que queremos en nosotros.

4º Mantenimiento de la planificación:

   Establecer las metas es fácil, planificar también, mantenerse en el camino marcado es el verdadero objetivo y el verdadero reto. He aquí algunas herramientas para conseguirlo:

   Conversar con uno mismo: las frases de ánimo en los momentos oportunos ayudan a mantenerse. Cuando se tenga un momento de “caída”, un oportuno empujón permite continuar.

   Las frases de ánimo tienen que ser concretas, positivas (eliminar “no” de la frase), específica del objetivo o etapa de que se trate y formuladas en presente: “lo estoy consiguiendo…”

   También es muy importante mantenerse centrado en los objetivos que hemos elegido y repetir visualizaciones positivas, construir mentalmente imágenes de nosotros mismos con la tarea cumplida con éxito, visualizar los beneficios que se obtendrán con la consecución de la meta.

   Atender a pensamientos invalidantes, distracciones y etiquetas:

   Síntomas de negativismo, de derrotismo de evasión o de postergación, que serán combatidos con la oportuna frase de ánimo, o la autoinstrucción correspondiente, frases interiorizadas durante una relajación que se “instala” en el cerebro como un programa, y a la que podemos acudir fácilmente mediante un anclaje (ya veremos como, todo a su tiempo).

   También ayudará revisar el plan de viaje, y visualizar de nuevo la meta y las ganancias esperadas. Puede ser el momento de hacer una relajación y programarse de nuevo.

El jueves seguiré con este tema, pero atendiendo a los miedos y a las actitudes negativas que nos apartan del camino que hemos elegido.