miércoles, 21 de noviembre de 2012

Visualización y programación mental


En la entrada del 13 de noviembre prometí hablar sobre como aproximarse a la consecución de objetivos mediante la visualización (podéis verla pinchando en el índice de la derecha, se llama “un poco de historia”), allí decía:

Verse en la situación deseada. Imaginarse consiguiendo las metas deseadas. Sentirse con ellas conseguidas. Esta técnica también vale para eliminar la ansiedad que asociamos a situaciones de estrés”

También prometí hablar sobre la programación mental, que sirve para darse instrucciones para, por ejemplo, tener más confianza.

La base de la visualización es sencilla, se trata tan solo de “verse” con el objetivo conseguido, imaginarse cómo estaremos al alcanzar la meta, después de haberlo conseguido.

Y sirve para superar situaciones de ansiedad, en esas por las que tenemos que pasar sí o sí, como por ejemplo hablar en público o hacer un examen oral.

Bien, comencemos por la primera de las situaciones, el acercamiento a las metas.

A veces no somos capaces de concretar qué es lo que queremos, o de mantenernos en el camino hacia esa meta. La visualización es un medio para ver lo que falta en el objetivo, o para mantener la motivación.

Vale, falta que diga cómo.

Voy.

Vamos a recordar otra entrada anterior, una más antigua (dentro de lo que cabe en este joven blog) que dedique a la relajación. Fue el 17 de septiembre, y sería bueno que la tuvierais cerca, impresa o en una segunda pantalla en el ordenador, simplemente buscad la etiqueta en la que pone relajación.

Si os fijáis en el ejercicio, hay dos párrafos que están entre paréntesis:

“(Previamente puedes haber determinado qué lugar resulta especialmente calmante para ti mismo, y cambiar el que aquí se propone;  si se graba el ejercicio deja aquí un espacio sin decir nada de uno o dos minutos, después sigue con la grabación).

(En este momento de relajación puede autoprogramarte para mejorar en los aspectos que desees, también puedes programar anclas positivas, instrucciones positivas, afrontar situaciones estresantes o angustiosas; estas instrucciones conviene escribirlas previamente para aclararlas. O puedes, simplemente, calmarte).”

En el primero de los párrafos recomiendo que antes del ejercicio es bueno pensar cual es vuestro lugar ideal de relajación, aquél en el que os sintáis realmente a gusto.

El segundo de los párrafos es importante ahora. En el estado de relajación en que os vais a encontrar siguiendo el ejercicio, las autoinstrucciones que  os dictéis quedarán mejor fijadas, y las visualizaciones, las visiones, serán más profundas.

La idea es imaginar y ver ese objetivo, verse con la meta conseguida, y de ese modo reforzar la motivación para continuar. Cuantos más detalles seamos capaces de ver, más próxima y asequible parecerá la meta, y seremos capaces de dedicar más esfuerzo.

La sugestión profunda que acompaña a estos ejercicios ayuda a que consciente y subconsciente se orienten hacia el objetivo. Y eso es algo que no pasa desapercibido a los demás. Percibimos a las personas que tienen claros sus objetivos, que se sienten seguras de si mismas. Su actitud, su lenguaje físico no verbal es atractivo.

Por otro lado, para afrontar esas situaciones estresantes de las que he hablado, el sistema a emplear es básicamente igual. En el estado de   relajación profunda del ejercicio, vamos a imaginarnos que nos encontramos nos vemos en la situación estresante, y nos imaginamos haciéndolo muy bien, superando la situación. Después nos imaginamos grandes, respirando fuerte con el éxito en nuestra mano, felices de haberlo hecho fenomenalmente bien.

Por ejemplo, los bloqueos  a la hora de realizar exámenes, tanto orales como escritos, o a hacer exposiciones en público, pueden ser tanto emocionales como intelectuales.

¿Las causas? Estrés por miedo a ser evaluado, experiencias previas valoradas negativamente; o bloqueos de carácter personal o de autoestima, y los dos derivan de la creencia errónea de sentirse incapaz de hacer algo, incrustada en la mente a base de repetirla. Y solamente eres incapaz si te dices a ti mismo muchas veces que no eres capaz.

¿Estrategias? A largo plazo: trabajar la autoestima, practicar autoinstrucciones para “saberse” capaz de lo que queramos mediante la técnica que os he explicado. A corto plazo podemos tratar de controlar el estrés mediante relajaciones rápidas, en el momento.

Recuerda que ante una situación estresante puedes elegir entre:

                “¡Qué nervioso/a estoy, no lo voy a conseguir!”

o

                “esta sensación de nudo en el estómago es resultado de secreción de adrenalina, voy a utilizar esta sensación para estar más despierto, ¡estoy preparado!”

El proceso de programación mental es similar al que hemos visto, repitiendo instrucciones positivas (autoinstrucciones) en ese momento de relajación profunda. Esas instrucciones son frases de ánimo, o “órdenes” que nos damos a nosotros mismos. Profundizaré un poco más en la próxima entrada cuando hable de anclas mentales.

Quedan un par de detalles.

Primero: ¿y si no soy capaz de verme? No todos pensamos igual, algunos pensamos en términos visuales, otros con sonidos, con palabras o con movimientos. ¿Cómo te sientes mejor? Pues hazlo así. A algunas personas les resulta más fácil pensar en palabras, así que utiliza las palabras si te van bien, o palabras e imágenes, complementando un sistema con otro. Importa hacerlo, practicar la relajación  darse buenas instrucciones y frases de ánimo.

Segundo: “Y esto, ¿cómo funciona? Simplemente porque somos sugestionables, obedientes, en especial cuando hemos relajado cuerpo y mente. Se trata de sugestión (no hipnosis) inducida por uno mismo. En las sesiones con mis alumnos/clientes (coachees) utilizo estas técnicas, primero concretando las instrucciones, el lugar imaginario de relajación preferido, la situación que se quiera desbloquear, etc. Después induciendo una relajación profunda y ayudando a mi alumno a encontrar sus respuestas.

El próximo martes levaremos anclas, y crearemos otras.