miércoles, 25 de septiembre de 2013

Sueños, imaginación, ensoñaciones y visión.

Líneas en el cielo, si quieres marcan tu camino.
 
 
Las personas tenemos sueños. Sueños durante la noche que permiten a la mente recobrar aquello que es importante y sanar las pequeñas heridas del día. Sueños diurnos sobre lo que nos gustaría ser o haber sido o haber hecho.
 
Algunas personas tienen especialmente desarrollada la imaginación, palabra para la que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española da cuatro definiciones:
 
1. Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.
 
2. Aprensión falsa o juicio de algo que no hay en realidad o no tiene fundamento.
 
3. Imagen formada por la fantasía.
 
4. Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc
 
Si tomamos solamente las acepciones segunda y tercera, parece que el objeto de la imaginación es engañarse a uno mismo.
 
Si tomamos la primera y la cuarta se convierte en facultad de creación.
 
Los ensueños son representaciones fantásticas de quien duerme, o también ilusión, fantasía.
 
Y el último de los conceptos del título es “visión”. En el coaching ontológico se diferencia entre visión y sueño. Quien se queda en el sueño, en el ensueño, se queda en la fantasía de los que hubiera querido ser, pero que nada hizo por llegar a alcanzar; en la ilusión del mundo fácil donde todo te será concedido (hay unos dibujos animados de un gato robótico sin orejas y un niño al que todo soluciona que en nada ayuda a quién lo ve si no recibe orientación).
 
Tener imaginación, como facultad de crear es positivo. Permite a quien es capaz de manejarla encontrar nuevos caminos para resolver sus problemas. Permitir que la imaginación vuele hacia aquello que deseamos también es positivo, porque permite que nos veamos de la forma en que queremos ser.
 
Todo cambia si no convertimos esa imagen imaginada, ese sueño deseado, en una visión, es decir, si no transformamos lo soñado en acción, si no imaginamos los pasos para llegar a ese YO deseado; si no nos comprometemos con el sueño.
 
Entonces, todo queda en ensoñación, en ilusión. A veces porque no encontramos las fuerzas para comenzar, buscamos excusas que demuestran lo “imposible” del sueño.
 
Otras veces alguien cercan se encarga de “bajarnos” a la tierra, explicando que aquello que deseamos ser está tan lejos como la Luna.
 
Pero el ser humano ha llegado a la Luna.
 
Así que usando la imaginación podemos alcanzar a ver la meta, y mirando hacia atrás desde la meta soñada podemos imaginarlos pasos que hubimos de dar, que daremos en el futuro para alcanzar la visión. Y poco importa si en el transcurso del camino la visión se convierte en otra cosa. Seguiremos avanzando hacia la nueva visión.
 
cil de decir, no tan sencillo de hacer, parece, al menos sin ayuda.
 
Para un niño soñar es parte de su vida. Siempre contando las fantasías que imaginan alrededor de la serie de televisión, película de cine, libro o videojuego de moda. Es importante explicarles la diferencia entre sueño y visión, es importante explicarles que para alcanzar cualquier cosa que imaginen deberán seguir un plan, construir un edificio que les lleve a ello.
 
Para un preadolescente es aún más complicado si se ha instalado en un mundo de fantasía. Son niños que están dejando de serlo, pero que no quieren dejar de soñar, que no quieren enfrentarse al mundo real y lleno de dificultades (el Síndrome de Peter Pan). Su mundo se reduce a videojuegos, en los que son muy buenos, y pueden estar tanto tiempo jugando como mirando los libros sin estudiar.
 
Hace falta llegar a sus sueños, a sus deseos, explicarles que pueden transformarlos en visión, en algo alcanzable dando los pasos adecuados (y sí, con esfuerzo). Desde la visión recorrer el camino hacia atrás para encontrar cada escalón hacia la visión. Y entonces ayudarles a que encuentren su camino (y quizá aceptar que no es el que nosotros queríamos).
 
Es una labor que me apasiona. Ayudar a adultos, adolescentes y a veces niños a encontrar su visión, la suya propia, y mostrarles que pueden caminar hacia ella. Mostrarles que un sueño se puede perseguir y alcanzar, y que la imaginación, como base de la creatividad, es muy importante, y sobre todo, enormemente positiva.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Agradar a los demás


Los seres humanos somos animales sociales. Con independencia de la concreta sociedad, religión, país, barrio o equipo de fútbol al que se pertenezca, la mayoría de las personas nos sentimos emocionalmente involucradas en un grupo social (o más de uno).
 
Esa socialización implica que queremos ser apreciados por el grupo. Ser expulsados del grupo en el pasado significaba pasar más dificultades en la vida, podía significar incluso la muerte. El destierro sigue siendo un castigo muy duro emocionalmente. Por eso "necesitamos" a los demás. Por eso nos importa tanto la opinión de los demás. Es parte de nuestro ser atávico. 
 
En la sociedad occidental, desde hace algunos siglos, se ha desarrollado un impulso contrario a ese pegamento social. Somos individualistas, y en cierto modo debemos ser individualistas, porque la dependencia de los demás impide o al menos dificulta el desarrollo y el crecimiento personal.
 
En la mayoría de las personas esas dos fuerzas contrarias conviven sin problemas. Somos un "yo en la sociedad”. Nos sentimos bien dentro de esta situación. Cuando el grupo corre peligro aparecen impulsos de defensa de los demás, de ayuda a los otros. Si el peligro es demasiado grande impera el instinto de supervivencia. 
 
Algunas personas, sin embargo, NECESITAN, en mayúsculas, la aprobación de los demás. La simple posibilidad de sentirse rechazados les produce ansiedad, aunque la realidad por parte de los otros sea de inclusión y de aceptación. 
 
Su vida se convierte en una necesidad de ser queridos y aceptados. Por eso no saben decir no, porque la simple posibilidad de ser rechazado supone más sufrimiento que llevar a cabo tareas que saben que no son suyas.
 
En el extremo está el Síndrome de Wendy.
 
 
 
Es de sobra conocido el cuento de Peter Pan, el niño que no quiere crecer. Y seguro que os suena el Síndrome de Peter Pan, propio de aquellas personas (hombres y mujeres) que no quieren madurar.
 
Su zona de confort está dentro del comportamiento infantil. Rechazando asumir responsabilidades y soñando con una solución mágica a sus problemas.
 
Se he descrito como síndrome de Wendy a la persona que asume todas las responsabilidades que Peter Pan no quiere (a mi me parece que debería llamarse Síndrome de Campanilla, pero supongo que no es así por que la magia de verdad queda excluida).
 
Wendy hace todo lo posible para agradar, para ser querido, para que no ser rechazada (el síndrome afecta a hombres y mujeres). No sabemos por qué, puesto que el pasado de cada uno es distinto. Quizá algún hecho de su pasado condicionó su manera de relacionarse con los demás y descubrió que si se encargaba de todo le permitían estar más cerca, ser más aceptada.
 
Con el tiempo comprenderá que lo que hacía porque quería se ha convertido en obligación, y aquellos a quienes les hacía el trabajo para ser querida, pasarán a exigírselo, castigándole con mayor fuerza si no lo hace. De ese modo se refuerza la necesidad de asumir todo el trabajo, siendo demostrado que “solamente" es aceptada cambio de hacer todo el trabajo. 
 
Son las amas de casa que se ocupan de todo y no permiten que nadie haga nada porque temen perder su razón de aceptación sentida (no real). Se multiplican en todas las tareas aunque también trabajen fuera de casa. Permiten ser “explotadas” y se quejan sólo suavemente.
 
Son los trabajadores que hacen todo el trabajo de un equipo, los estudiantes que se encargan de todo en un grupo en el instituto.
 
Son también padres que hacen los deberes de los niños.
 
Y además de hacerlo todo, piden perdón cuando no pueden, y disculpan al Peter Pan de turno.
 
Afortunadamente la mayoría de nosotros no llegamos tan lejos, aunque seguro que alguno de los comportamientos de Wendy son reconocibles en casa uno.
 
Ser querido, ser aceptado es socialmente deseable. Es importante para todos. Sin embargo es algo que depende en parte de los demás, de forma que no se puede controlar completamente. 
 
Es importante escuchar las opiniones de los demás, porque aportan un punto de vista exterior a nosotros. También es importante escucharse, porque nuestro punto de vista debe determinar nuestra acción, y lo cierto es que sabemos cuando alguien se aprovecha de nosotros.
 
Lo cierto es que las personas que se respetan a sí mismas, que asumen sus valores y actúan conforme a éstos, que defienden su espacio vital, su trabajo y su descanso, son apreciadas.
 
Cuando una persona te ayuda porque quiere hacerlo, pero al mismo tiempo te permite tomar tus decisiones o asumir tu parte del trabajo, te ayuda doblemente.
 
Se trata de asumir cada uno su tarea.
 
Y de no hacer el trabajo de los demás si no es necesario, no de hacerlo cuando lo piden, sino de ayudar cuando es necesario.
 
Se trata de reconocerse haciendo cosas para agradar y solamente para agradar. Detectar, y detener la acción que nos perjudica.
 
Si alguien solamente te quiere por el trabajo que le haces, no te quiere a ti, sino a su descanso y a su propio bienestar. Seguramente le haremos un mayor bien dejándole asumir su responsabilidad. 
 
Así que, si es tu reflejo el que has visto en estas líneas, practica el no, y si quieres explica el por qué de ese no: Porque ese trabajo no es mío, esa no es mi responsabilidad. Pero no te justifiques, no des explicaciones más allá de la razón verdadera, respétate y quiérete.
 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Levantarse

Cuando se tienen proyectos, objetivos a largo plazo, metas o sueños,  es posible que encontremos por el camino obstáculos que no estaban previstos.
 
Hacemos un plan, preparamos el equipaje, vemos las dificultades del la carretera, estudiamos las subidas, las bajadas, el tiempo que tardaremos, las etapas. Todo previsto.
 
Y de repente hay una obra en la carretera, o se cae un árbol… algo cambia todo.
 
A veces las dificultades imprevistas nos tumban. 
 
Algunas personas se quedan después en el suelo, y no retoman su camino, no persiguen su sueño, ni ningún otro.
 
Algunas personas se vuelven a poner de pie, y dan un rodeo para evitar el árbol caído. Continúan con su sueño.
 
¿Cuál es la diferencia entre las dos personas? 
 
Yo diría que la actitud interior, la visión que tienen de si mismos, la visión que tienen de sus sueños. 
 
Por ejemplo, este fin de semana un deportista, Rafael Nadal, ha superado definitivamente un periodo de lesiones que parecía que le iba a impedir continuar con su carrera. Además, en el transcurso del partido en el que se enfrentaba al número uno del ránking ATP (Noval Djokovik) tuvo que superar distintas situaciones en las que las cosas no estaban saliendo como él quería.
 
Nadal dijo una serie de frases que resumen perfectamente lo que quiero decir aquí. 
 
“Siempre es especial jugar contra Novak, nadie me hace ir más al límite que él”  
 
"A lo único que aspiro es a no irme de la pista con la sensación de que no he hecho todo lo posible para haber podido cambiar la situación".
 
"Claro que no disfruto cuando estoy perdiendo el segundo set o el comienzo del tercero y veo que se puede escapar un Abierto. Pero no estoy jugando mal, estoy perdiendo porque mi rival está jugando mejor. Pero estoy disfrutando buscando una solución e intentado generar opciones"
 
Las dificultades hacen más grande la victoria. No se hablaría tanto de el trofeo que consiguió el 9 de septiembre si hubiera sido fácil, sino hubiera venido de una lesión, si su contrincante hubiera sido más flojo.
 
Lo que Nadal dice, lo que yo entiendo que dice, es que incluso cuando encontramos dificultades, podemos vencerlas (no superarlas, vencerlas) buscando opciones dentro de lo que sabemos hacer, podemos ilusionarnos incluso en esos momentos en que parece que todo se tuerce. En el deporte suele ganar el que mejor ha jugado, no “el mejor”, gana el que más empuje tiene, el que más capacidad de reacción tiene, el que más cree que puede ganar.
 
A veces el obstáculo que encontramos puede ser superado, otras veces lo que hace es que debamos replantearnos el objetivo, porque tal vez a la luz de las nueva situación haya dejado de ser realista. La edad, las lesiones, los cambios en el mundo, pueden hacer que sea necesario cambiar el objetivo, e ilusionarse por un nuevo sueño. No pasa nada, es posible hacerlo sin perder nada de identidad.
 
Las personas podemos reconducir nuestra vida, cambiar el camino para encontrar otra meta, cambiar el camino para evitar el obstáculo, o superar el obstáculo directamente. Podemos levantarnos de cualquier error que hayamos cometido, podemos superar cualquier dificultad o adaptarnos a las nuevas circunstancias.
 
Las ciudades también pueden hacerlo, porque además las ciudades tienen una vida mucho más larga, y en el transcurso del tiempo pueden volver a retomar su sueño, si quieren.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Vuelta de vacaciones

Esta semana he vuelto de vacaciones.

He estado descansando, quizá demasiado. Y ahora me cuesta retomar el pulso de mi actividad cotidiana.
 
Es muy conocido el llamado "síndrome postvacacional", que viene a ser un proceso de estrés que sufrimos después de las vacaciones, para adaptarnos de nuevo a las obligaciones laborales o escolares.
 
Se llama síndrome porque es un conjunto de síntomas, tanto físicos: cansancio generalizado, fatiga sin un exagerado esfuerzo previo, falta de sueño y apetito; como mentales: irritabilidad o nerviosismo, tristeza, falta de interés o dificultades de concentración.
 
Es un cuadro de estrés, resultado de afrontar una "nueva" situación respecto de la recientemente vivida, en la que debemos esforzarnos cuando en los días anteriores habíamos estado muy relajados.
 
Este tipo de "estrés" se complica cuando el tiempo de "parada" ha sido muy largo, o la parada demasiado intensa, respecto de la actividad normal.
 
Parece una contradicción, nos pasamos el año esperando las vacaciones para descansar de nuestro ritmo de vida, y al volver nos encontramos que el descanso nos produce ¿estrés?
 
Entonces, ¿qué debemos hacer?, ¿no descansar?
 
Evidentemente sí hay que descansar. El descanso es fundamental para que el cerebro y el resto del cuerpo se repongan. Tanto diariamente como de forma más extensa durante las vacaciones.
 
 
 
 
Sucede que cuando se para una máquina, después le cuesta más volver a comenzar, especialmente si ha estado completamente parada.
 
Por eso es recomendable mantener actividad física durante las vacaciones, mantener la mente despierta. El descanso viene por el cambio de actividad, por la desactivación de la rutina.
 
Ver lugares nuevos, leer libros, ver películas, practicar deportes y aprender nuevos deportes. Dormir un poco más, con regularidad.
 
Desde el principio de este blog he venido diciendo que es importante saber relajarse. En la lista de etiquetas de la derecha encontraréis algunas relacionadas con la relajación y cómo practicar.
 
La relajación es importante para poder mantener la actividad, pero como el Ying y el Yang, ambas son complementarias. Y si una es demasiado predominante, el sistema, la persona, dejará de ser eficiente.
 
Así que, para vencer ese estrés causado por el descanso excesivo, o por la dificultad de enfrentarse de nuevo a los retos cotidianos, lo mejor es precisamente actuar. Intentar ser fiel a un horario, practicar deporte (no en vano septiembre es uno de los meses estrella de los gimnasios), actuar "como si" concentrarse fuera sencillo (de este "como si", del fingimiento terapéutico, hablaré en una próxima entrada), obligarse.
 
Sin dejar de dedicar entre 15 y 20 minutos a relajarse.
 
Sin dejar de dormir adecuadamente, y recuerda que los ciclos de sueño duran aproximadamente 90 minutos, de modo que es preferible dormir 7 horas y media a ocho, y seis a casi siete. Al final de cada uno de esos ciclos el sueño llega casi hasta la vigilia, después de una fase REM, de modo que es más fácil despertarse.
 
Así que, para vencer al malvado síndrome postvacacional, simplemente, muévete.