miércoles, 28 de noviembre de 2012

Anclas positivas. Sugestión rápida.


 El martes contaba que no soy una persona supersticiosa, pero eso no quiere decir que no tenga “manías”. En casa solemos tener velas encendidas por la noche. Nos dan “buen rollo”. También cuando salgo de casa toco unas campanillas que tenemos colgadas en la puerta.
Estas costumbres las mantenemos porque nos hacen sentir bien, provocan un estado interior de bienestar.
¿Y si no ponemos las velas o no tocamos las campanitas? No pasa nada, no tendremos mala suerte, ni nuestro ánimo será malo. Buscamos mejorar, simplemente eso, mediante un gesto o un acto que nos conduzca rápidamente a ese estado de bienestar deseado.
Cuando anclamos una sensación positiva o un estado de ánimo positivo a una determinada acción, recuperamos esas buenas sensaciones cuando “disparamos” el ancla. Lo contrario no es cierto, si no se dispara el ancla, si no hacemos el gesto ensayado, no tendremos un mal día ni nos caerá encima una depresión o la mala suerte.
Entremos en materia.
Los anclajes positivos los vamos a desarrollar respecto de un gesto determinado. Mediante las herramientas de relajación y de autosugestión. Vamos a unir una serie de emociones y de estados positivos a un determinado gesto. Cuando seamos capaces de hacerlo bien (dentro de muy poco) realizar ese gesto disparará en nosotros las emociones positivas que hayamos unido a ese gesto.
No es muy difícil, habéis visto como lo hacen muchos deportistas antes de competir. Son gestos que consciente o inconscientemente han unido a un estado mental de confianza. Si lo que piensan es que les dará suerte, entonces es superstición. Así de simple.
Para ello seleccionaremos primero un gesto sencillo, poco visible y poco susceptible de producirse por accidente. Por ejemplo cogerse con los dedos índice y pulgar el caballete de la nariz, justo entre los ojos. Una vez seleccionado entraremos en un nivel de relajación como ya se ha explicado y programaremos nuestra mente para unir el gesto con un estado mental de concentración y claridad mental.
Un sistema sencillo de hacerlo es recordar situaciones en las que nos sentimos muy bien, porque tuvimos claridad mental, rapidez de reflejos, porque conseguimos admiración o aplauso, porque nos sentimos orgullosos de nuestra voluntad. Cada situación debe ser recordada lo más vivamente posible dentro del estado de relajación y se “ancla” al gesto elegido realizando éste físicamente. Cuanto más se repita el gesto durante situaciones reales o recordadas de “perfección”, mayor será el anclaje. Después cuando se repita el gesto en una situación de debilidad, la mente volverá a la situación positiva anclada.
Podéis aprender a “generaros anclas” por vosotros mismos. También podéis hacerlo con ayuda, guiados por un psicólogo.

También es importante el uso que se hace del gesto.

Vamos a poner un ejemplo. Una ejecutiva de alto nivel, estresada (las ejecutivas suelen tener dos trabajos, el que le da dinero y el de casa), necesita controlarse al hablar en público, porque entre sus nuevas tareas está la de dirigir las reuniones de trabajo de su departamento y las  de los clientes.

Bien, primero debe aprender a relajarse. Después puede pensar en gestos discretos y conscientes, que pueda hacer delante de otras personas sin que sean llamativos. Una vez que se haya decidido por uno, buscará en su memoria situaciones que le produjeron buenas sensaciones, confianza, momentos en los que se sintió recompensada, feliz, segura con su trabajo o con lo que fuera que hiciera, en los que se sintió segura de si misma y satisfecha, orgullosa. Situaciones que apuntará en un papel, sin que nadie tenga porque conocerlas, nadie más que ella.

A continuación hará una sesión de relajación, y en ese estado recordará lo más vívidamente posible cada una de esas situaciones de bienestar, y cada vez que se encuentre reviviendo una de ellas hará real y físicamente el gesto de anclaje (por ejemplo, el que he descrito más arriba, tocándose con índice y pulgar el nacimiento de la nariz).

Repitiendo ese gesto, si es necesario en varias sesiones, la sensación de bienestar y de confianza quedará anclada. Repitiendo el gesto antes de entrar en una reunión retomará la sensación de confianza que le viene bien para afrontar  la reunión (le viene bien, no la necesita,  porque de partida es capaz de solventar el problema).
Ciertamente se ha producido un condicionamiento, no es un acto supersticioso, porque nada exterior tiene que pasar, lo que buscamos es un anclaje interior.

Como el buen vino, la experiencia gana con el tiempo, y como el vino, el consumo excesivo tiene contraindicaciones. Si nuestra ejecutiva se pasa el día repitiendo el gesto de anclaje tal vez pierda efectividad, y seguro que llama la atención. Es fácil que se convierta en superstición: “si no lo hago me irá mal”.

Vale, hemos aprendido a crear anclas positivas para obtener una sensación, un estado interior positivo.

¿Podemos ir más allá?

La Wikipedia define el flujo, en el ámbito de la psicología, como el estado mental operativo en el cual la persona está completamente inmersa en la actividad que está ejecutando. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. Esta sensación se experimenta mientras la actividad está en curso. El concepto de flujo fue propuesto por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975 (http://goo.gl/XSmcT).

En deporte se suele llamar “estar en la zona” y algunos deportistas lo han descrito como un estado mental en el que su habilidad fluye, en la que la actividad es lo más importante con independencia del resultado.

Mediante la práctica, quizá seamos capaces de inducir ese estado de flujo, o de “estar en la zona” utilizando un anclaje.
Ese es el reto.