lunes, 26 de noviembre de 2012

Anclas y superstición


 “Yo no soy supersticioso, soy precavido”…He oído muchas veces decir esta frase o alguna parecida. La superstición ha estado desde siempre alrededor del ser humano. Pero no es algo exclusivo del hombre.

En 1948 un psicólogo conductista llamado Skinner pergeñó un experimento con palomas hambrientas. Las introdujo en una caja (que luego se llamó caja de Skinner). Para alimentar a las palomas colocó un dispositivo que soltaba comida a intervalos regulares hicieran lo que hicieran o no hicieran las palomas.  Sin embargo al cabo de un tiempo encontraron que las palomas comenzaban a repetir un comportamiento determinado, cada una el suyo, y que se correspondía con lo que estuvieran haciendo las primeras veces que cayó comida. Con posterioridad, al repetir ese comportamiento muchas veces, coincidía a menudo con el momento en el que la comida caía, reforzando la “idea” de las palomas acerca de la utilidad de ese comportamiento.

A ese comportamiento inducido por un hecho exterior se le denomina condicionamiento (sí, también los perros de Paulov, hay que ver lo que los psicólogos hacemos en interés de la ciencia). Pero a diferencia de los perros, el condicionamiento fue aleatorio,  las palomas respondían cada una de una forma, según “creyera” que era la mejor manera de actuar para que cayera la comida. Esto es superstición. Un artículo de la Wikipedia sobre el tema en http://goo.gl/ytnpb, y un vídeo aquí:
 
 
 
 

Superstición es el acto que hacemos (o no hacemos) asociado a un miedo, temor o deseo de que pase algo exterior, asociado a la suerte, al azar. “Si compro un billete de lotería y se lo paso por la espalda a alguien – por una chepa, vaya – seguro que me toca” (según mi amiga Carmen da suerte si se pasa el billete por el pecho de una amiga, comportamiento que quizá empiece a tener gran predicamento a partir de ahora, aunque no dé suerte).

Una cosa muy distinta son las anclas, actos que comportan un estado de ánimo, o situaciones por las que hemos pasado que nos provocan un estado de ánimo positivo o negativo. Yo llamo anclas negativas a las que nos llevan hacia la depresión, el decaimiento o el malestar. A muchas personas les pasa con la Navidad. Todos los años llega la Navidad, y las personas que han tenido reiteradas experiencias desagradables, o una muy muy desagradable, se sienten mal.

Las emociones fuertes, los fracasos asociados a una gran decepción o a vergüenza, las situaciones en las que nos encontramos con una emoción fuerte y negativa, originan un ancla negativa, que queda unida a esa situación.

Posteriormente, cuando nos encontremos en la misma situación, ese anclaje nos hará sentir de nuevo las mismas emociones negativas, de fracaso o de vergüenza anticipadas, que en muchos casos, impedirán una ejecución adecuada de la tarea (que puede ser un examen, hablar en público, o cualquier otra cosa). En los casos extremos pueden conducir a cuadros de ansiedad, incluso a fobias.

Afortunadamente estas anclas pueden ser retiradas, y sustituidas por mejores sensaciones. Resulta útil conocer cuál es la situación inicial que llevó a esas sensaciones; pero no es imprescindible. Los anclajes negativos pueden retirarse mediante el tratamiento directo con la situación, durante una sesión de relajación, por uno mismo o con ayuda. Por ejemplo, yo empleo un conjunto de técnicas que conjugan sonidos, relajación, sugestión y movimiento ocular. En unas pocas sesiones se pueden desconectar las situaciones de las emociones negativas, o conectar un gesto consciente y deliberado con un estado mental.

La diferencia entre anclas y supersticiones es que las primeras inducen un estado interior, que además queremos que sea positivo y consciente, aunque en ocasiones es negativo e inconsciente. Las supersticiones son creencias de que algo pasará o no pasará, pero su origen es externo a nosotros. También se pueden desactivar, especialmente si producen desasosiego, malestar o fobia.

Lo primero es detectar situaciones negativas, situaciones en las que nos encontramos incómodos emocionalmente, para traducirlas a positivas. También debemos detectar situaciones en las que nos encontremos cómodos, en las que sabemos que hacemos las cosas bien (ejemplo, miedo a actuar en público y capacidad de hacer bien un plato de comida). Se trata de detectar las situaciones, no el origen de las mismas, no estamos en una sesión de psicoanálisis, sino empleando herramientas procedentes de la psicología cognitiva, de la psicología del comportamiento, y de la programación neurolingüística.

Anotar (mejor por escrito que mentalmente), las sensaciones que tenemos en cada una de las situaciones: sudor incontrolado, nos tiembla la voz, nudo en el estómago… Descubriremos que algunas de las sensaciones físicas en las dos clases de situaciones son muy parecidas. Eso se debe a que el estrés, esa palabra maldita, tiene dos vertientes: distrés y euestrés. En ambos casos el cuerpo se pone en tensión, alerta.  Lo que varía fundamentalmente es el uso que hacemos de esa sensación de alerta.

Para variar el anclaje negativo en las situaciones en las que queremos funcionar mejor, debemos tener en mente tanto las sensaciones negativas de la situación como las sensaciones positivas de la situación modelo.

¿Cómo desactivar anclas negativas? Una forma basada en la PNL es la siguiente:

Antes de iniciar, es importante recordar que el lenguaje, las palabras son importantes. Muchas personas se sienten incapaces (son más que capaces, pero se sienten así) de “ver” las situaciones, las escenas, mentalmente. Tiene que ver con las formas de acceso a la memoria que vimos anteriormente. Para conseguir los efectos del ejercicio que se expone a continuación, basta con decirse mentalmente que se está viendo la escena, y en la forma en que se quiere ver; basta con decirse mentalmente que se están “sintiendo” las emociones que se deben sentir.

1º.    Anotar la situación negativa que queremos cambiar, anotar la situación positiva o de control en la que nos encontramos bien.

2º.    Relajación.

3º.    Visualizar la situación positiva, aquella en la que sabemos que nos sentimos bien, como en una televisión (o una pantalla de cine). Verla mentalmente de forma detallada, sentir las emociones positivas. Llevarla al horizonte disminuyéndola.

4º.    Visualizar detalladamente la situación negativa también en otra pantalla de televisión, aquella en la que pensamos que no somos capaces, en la que se disparan las emociones negativas.

5º.    Cambiar el color de esta situación a blanco y negro y alejarla en el horizonte.

6º.    Colocar la escena positiva en una situación central y traer la negativa hasta ponerla donde está la positiva, que sigue teniendo color.

7º.    Verse ahora en la situación que nos causaba trastorno y asociarle los sentimientos de la situación positiva.

Las técnicas de transformación son más sencillas de lo que parece. Debemos recordar lo que se ha dicho del leguaje, de las etiquetas.

Para saber como crear anclas positivas, tendréis que esperar al jueves.