miércoles, 1 de mayo de 2013

Rutinas rotas

Hacemos muchas cosas mecánicamente.
 
Seguimos rutinas, costumbres, de forma diaria, sin cuestionarlas.
Son gestos interiorizados que muchas veces nos facilitan la vida, porque nos permiten dedicar la atención a aspectos más importantes de la vida.
Y eso está bien.
 
Estaría mejor si de vez en cuando revisáramos esas rutinas, incluso aquellas interiorizadas, para ver si siguen siendo útiles. Y estaría todavía mejor cuestionar las costumbres que nos han impuesto o que nos hemos impuesto.
 
Cuantas veces decimos “es así como se hace”, o “siempre se ha hecho así”. Son costumbres que no cuestionamos, y que a veces nos impiden encontrar nuevos caminos.
 
Por ejemplo, la costumbre de acabar la comida del plato, puede llevarnos a comer más de lo necesario, porque “eso es lo que hay que hacer”.
 
La de comer la fruta después de la comida, nos puede llevar a digestiones pesadas, porque es lo que nos han enseñado.
 
La de beber vino tinto con la carne y blanco con el pescado, puede que haga que nos perdamos nuevos sabores.
 
Se trata de probar cosas nuevas, de cuestionar lo que creemos. Y si lo que teníamos nos gusta más que lo nuevo, entonces nos quedamos con la antigua costumbre, pero porque queremos que sea así.
 
También es aplicable a nuevas experiencias. Como explicaba en la entrada de la semana pasada, es bueno salir de la zona de confort, de buscar algo de emoción. Cada uno en su medida, porque todos somos diferentes.
 
Buscar cosas que nos den algo de miedo, cuestionar por qué nos da miedo volar, o viajar. Cuál es la causa de mantenernos en la rutina.
 
Otras veces la costumbre es algo que interponemos entre los demás y nosotros en aquellas tareas en las que nos sentimos cómodos. En el trabajo o en casa.
 
Son repeticiones que nos mantienen seguros, en cuestiones aparentemente sencillas. Tareas diarias cuya repetición  nos proporciona un estado de seguridad, un entorno cómodo y confortable.
 
Mantener los muebles colocados de una forma, las fotos ordenadas, los calcetines por parejas doblados. El entorno conocido nos protege.
 
Y eso también es bueno.
 
Aunque tal vez a veces podríamos cambiar, romper las rutinas establecidas y burlar la protección de lo conocido, solamente para explorar. Veremos que el sol sigue arriba, y que nuestros amigos nos aprecian igual, y que  podemos seguir respirando sin el escudo del “todo controlado”.
 
Así que la próxima vez que te digas “siempre se hace así”, pregúntate si hay otro modo de hacerlo, o de si pasa algo por dejar de hacerlo del mismo modo.
 
Cambia pequeñas cosas para que otras mayores puedan cambiar.
 
Tira los objetos que guardas por costumbre y que no sirven para nada, o ponlos a la venta.
 
Mira fotos antiguas y verás que has cambiado. Piensa en lo bien que estabas entonces y en lo joven que te sentías. Cuando mires fotografías de ahora, dentro de unos años, seguro que pensarás lo mismo que cuando ves las fotos de antaño. Así que disfruta de este momento, y aprovecha tu fuerza de ahora. Rompe la rutina que te impide avanzar.
 
Y si alguien te dice que las cosas no se hacen así, que esa tarea hay que hacerla según, cómo y cuándo está establecido… simplemente no le hagas caso, está hablando de “su” rutina, y no de tu presente.
 
 
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