miércoles, 15 de mayo de 2013

Adolescentes sin motivo


Los adolescentes son infalibles e inseguros.

Es esa etapa de la vida en la que nos creímos capaces de todo, pero teníamos todos los miedos. Íbamos a hacerlo todo mejor que nuestros padres, y antes, porque ¿qué sabían ellos del mundo actual?

Ahora pensamos que los adolescentes no son como éramos nosotros, porque nosotros teníamos otras ideas, o éramos más constantes…o algo nos diferenciaba. Tal vez lo que era diferente era el mundo, la tecnología, el entorno. Pensamos que “es más peligroso ahora”.

Sin embargo a la vez teníamos miedo a lo que pensaran nuestros amigos, de lo que pensara la chica o el chico que nos gustaba, o de cualquier otra cosa relacionada con los amigos, los compañeros, los demás “iguales”.

No son distintos nuestros hijos de nosotros. Ha cambiado el mundo. Y el de ahora nos asusta porque vemos peligros que ellos no ven, existan  no.

En lo tocante a los estudios y al esfuerzo tampoco cambiamos tanto en general, y a menudo olvidamos que nuestros hijos no somos nosotros, y que tendrán otras perspectivas y otros objetivos y gustos, distintos de los nuestros.

Muchos padres piensan que sus hijos son vagos, y que no son constantes, que no pueden estar concentrados mucho tiempo en una cosa. Sin embargo basta fijarse en su actitud con los videojuegos, o con el futbol o con cualquier actividad que les guste para comprobar que sí son capaces de mantenerse concentrados. La motivación la encuentran en aquellas cosas que les gustan, en aquellas cosas que de verdad les emocionan.

Son varios los elementos a tener en cuenta para motivar a los adolescentes desde la perspectiva de un adulto.

El primer elemento es tener paciencia y memoria. Recordar cómo éramos, no tano lo claro que tuviéramos el futuro, sino cómo nos sentíamos cuando los adultos intentaban cambiarnos.

El segundo es tener claro cuáles son los objetivos de quien, es decir, para qué motivamos.

Lo que buscamos es que los adolescentes encuentren dentro de sí mismos la motivación. Se trata de hacer que se interesen en aquello que pensamos que les beneficiará (estudiar, claro), a través de sus propios intereses. Para ello tenemos que buscar qué les gusta y dirigir su mirada a través de sus gustos hacia actividades productivas (según nuestro criterio de adulto).

Claro que esas actividades que a nosotros nos parecen bien tienen que ser flexibles, si queremos que lean, no podemos ofrecerles La Iliada, sino Juego de Tronos. Si queremos que hagan deporte tendremos que buscar el que les gusta. Si queremos que estudien tendremos que relacionar las materias, las asignaturas con aquello que les gustaría hacer en el futuro.

Habrá que ofrecer actividades nuevas, dejar elegir, dejar que se equivoquen y acompañarles en su elección.

Habrá que tener en cuenta que cada persona tiene sus intereses, y es distinta de los demás, lo que incluye a los adolescentes.

Tendremos que tener en cuenta también a sus amigos, y especialmente lo que nuestro adolescente piense que piensan sus amigos, lo que teme que piensen, exponiéndole que las opiniones de los demás son solamente opiniones, y que puede sobreponerse a las opiniones negativas.

Hablar con ellos intentando que ellos hablen con nosotros para conocer sus expectativas y sus miedos. Que nos cuenten qué quieren. Para eso hay que ganárselos con metas a corto plazo, y recompensas por lograrlas. Los premios se obtienen al alcanzar los objetivos, y eso hay que dejarlo claro, no valen alcances a medias, no valen aplazamientos, o sí o no.
 

Las expectativas tienen que ser altas, pero alcanzables. Un reto, pero al que puedan llegar, esto, que vale para todo el mundo, es especialmente importante para las personas que tienen una autoestima intervenida por la opinión de los demás.

Porque son dos los aspectos en los que hemos de intentar incidir a la vez que en la motivación, en la autoestima, es decir, en la imagen interior que los adolescentes tienen de sí mismos (recordemos que son infalibles-inseguros) y en la necesidad de asumir responsabilidades.

Serán capaces de asumir responsabilidades en la medida en que obtengan resultados. Pero hay que explicar claramente que todo acto tiene consecuencias. Deben asumir que al tomar una decisión, ésta va a tener un resultado.

Motivar es ayudar a tomar decisiones, a aceptar el resultado de éstas, a mejorar la autoestima. Motivar es ayudar a crecer, y a asumir que cada una es responsable de su vida, de sus decisiones.