martes, 21 de mayo de 2013

Proceso de aprendizaje


 
El proceso de aprendizaje no es igual para todas las personas. Cambia el ritmo en el que aprendemos, y aun en cada persona cambia el ritmo según la materia de que se trate. Algunos son rápidos aprendiendo habilidades manuales. Otros con razonamientos matemáticos…

Antes de aprender una nueva habilidad hace falta darse cuenta de que no se sabe, de que no se conoce algo. Por ejemplo un niño no es consciente de lo que no sabe en matemáticas. Parece que los adultos somos conscientes de aquello que no sabemos, por ejemplo si sabemos o no conducir, o hacer integrales, o hablar en inglés.

Esta etapa se llama incompetencia inconsciente, y es exactamente eso, el nivel en el que ni siquiera sabemos que no sabemos.

Cuando somos conscientes de nuestra carencias entramos en el nivel de incompetencia consciente, por ejemplo el caso de las personas que no saben conducir, que no saben manejar u coche, o que no saben nadar, y quieren aprender.

Este es el momento en el que se comienza a aprender, el momento en el que la persona se da cuenta de sus carencias y necesidades, y comienza a buscar la manera de solucionarlas. El momento en el que nos apuntamos a la autoescuela, a cursos para aprender a nadar…

Hay un momento en el que somos capaces de hacer esas tareas, somos capaces de conducir, de nadar, pero necesitamos prestar toda la atención a la tarea, como el niño que aprende las tablas de multiplicar y necesita y necesita concentrarse para recordar la operación. Es la etapa de competencia consciente.

Por último llega el momento en el que somos capaces de montar en bicicleta sin tener que pensar en mantener el equilibrio. Es la etapa de competencia inconsciente. El momento en el que hacemos las tareas casi sin pensar. Cuando una persona alcanza ese nivel parece que no le cuesta esfuerzo, son los esquiadores que dominan su deporte, o las gimnastas que no dejan de sonreír mientras hacen sus ejercicios.

Parece que el paso entre etapas es lineal, de una a otra y siempre por el mismo camino. Pero no es así. En primer lugar a veces se vuelve atrás, desde la competencia inconsciente hacia la incompetencia inconsciente. ¿Cómo? Sucede cuando alguien adquiere una habilidad pero la técnica cambia, o la habilidad que ha adquirido no es completa, o se ha hecho del modo equivocado.

Otras veces esa persona se da cuenta de sus carencias, y entonces pasa a la etapa de incompetencia consciente.
 
Se llama desaprender, y ciertamente es el momento más complicado del proceso de aprendizaje, porque exige cierta dosis de humildad, y mucho sentido común. Exige que la persona que se creía experta se dé cuenta de las novedades, de los cambios o, simplemente de que hay formas mejores de hacer lo que creía saber hacer perfectamente.

Sin embargo también es el momento en el que la persona se abre un nuevo mundo de posibilidades. Si busca alguien que le enseñe tendrá además un guía en su camino.

Porque parece que este asunto del aprendizaje se reduce a habilidades físicas, o a conocimientos objetivos sobre el mundo que nos rodea. Sin embargo el proceso de aprendizaje también se refiere a los procesos internos, a los que nos permiten relacionarnos con los demás y con el mundo.

Aprender a rechazar chantaje emocional, aprender a aprender, aprender  a relajarse, aprender a escuchar, aprender a decir no, y cuando decir sí. Aprender a desconectar del mundo. Aprender a quererse. Aprender a perseguir los sueños, y a soñar.

Muchas de estas habilidades ni siquiera sabemos que nos faltan.

Por eso permitimos que a veces nos sobrepasen los acontecimientos, y que problemas que no son graves nos parezcan gigantescos.

Permitimos que otras personas guíen nuestro destino sin tener derecho a ello. Permitimos que sus problemas, los que ellos deberían resolver, se conviertan en nuestros.

Por eso no sabemos perseguir aquello que deseamos, y preferimos quedarnos en la zona de confort.

El proceso de aprendizaje es parte del crecimiento personal, crecimiento que no acaba en la etapa adulta, sino que continúa toda la vida. Siempre hay algo que deseamos, un estado deseado al que nos gustaría llegar.

Por ejemplo supongamos que queremos aprender a pintar y arreglar muebles. Pero nos da miedo estropearlos. La mayor parte de las personas pensará “haré un curso”. ¿Lógico verdad?

Entonces, si quieres mejorar tu relación contigo mismo, si quieres conocer cómo mejorar tu autoestima, cómo ampliar tus horizontes, cómo vencer tus miedos, cómo planificar tu futuro, cómo deshacerte de las personas tóxicas que absorben tu fuerza… ¿Por qué no buscas un curso? ¿Por qué no acudes a un profesional que te enseñe? ¿Por qué no compras libros o acudes a Internet?