miércoles, 27 de noviembre de 2013

Distorsiones y errores


Ante el mismo hecho, dos personas  extraen diferentes conclusiones. ¿qué diferencia a una persona de otra? Su mapa mental, su historia personal, su forma de pensar.

El cristal a través del que miramos la realidad hace que cada uno vea las cosas de un color.

El pensamiento, o mejor, la forma de pensar de cada uno, influye en la forma de actuar y en la forma en que nos sentimos ante un determinado hecho. El estilo de pensamiento es propio de cada uno, y a veces incluye errores, distorsiones, que hacen que frente a un estímulo exterior, actuemos de una forma u otra, o simplemente no actuemos.

Algunos de estos errores (lo son si provocan una forma de actuar o sentir que no es conforme con la realidad, pero que damos por válida) o distorsiones ya han sido tratados en el blog: etiquetas, generalización, culpa…

Otra distorsión se produce por seguir unrazonamiento emocional, es decir, por dar como cierto un pensamiento basado en una emoción: “me siento incapaz, luego soy incapaz”; “me siento culpable, luego soy culpable”.

También existe el pensamiento todo o nada, relacionado con el perfeccionismo: “si no lo hago perfecto no valdrá para nada.”

A veces filtramos la realidad, valorando solamente lo negativo, aquello que salió mal, y no fijamos la mirada en lo que funcionó, en lo que hicimos bien, en el elogio que recibimos.

Y muchas veces distorsionamos las metas a través de los “tengo que”: “tengo que adelgazar”, “tengo que trabajar más”, “tengo que estudiar más”.

Podemos preguntar ante esas obligaciones: “¿Quiero?”  y “¿Quién dice que tengo que hacer eso?”.

Como herramienta para enfrentar estas distorsiones, podemos emplear preguntas (propias o formuladas por otra persona dentro de un proceso de Coaching) que nos permitan refutar esas distorsiones, contradecir las creencias limitantes que las sustentan.

La Terapia Racional Emotiva (Alberto Ellis), y otras técnicas dentro de la Terapia Cognitivo Conductual, emplean este sistema de preguntar, para mostrar la falta de racionalidad en la creencia y en la distorsión de pensamiento.

Incluso se ha planteado que estas terapias llegan a cambiar, a modificar el funcionamiento del cerebro (www.bbc.co.uk/science/0/23590545).

Si funcionamos basando nuestras acciones en creencias, distorsiones o pensamientos erróneos, puede que no dirijamos toda nuestra capacidad hacia el fin que deseamos, y que mucha energía se pierda suponiendo que algo va a salir mal, o que no seremos capaces de hacer algo.

Si cuestionamos aquello que nos limita, tal vez descubramos que esa limitación solamente estaba dentro de nosotros, y no en la realidad.

A veces la respuesta no llega porque no encontramos la pregunta, o no queremos ver la pregunta. A veces hace falta alguien que, desde fuera, ponga en duda tus creencias.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Intentar, conseguir, equivocarse


En muchos procesos de Coaching, las personas a las que acompaño suelen emplear el verbo “intentar” para exponer un deseo de acción, una meta que se han marcado.

“Lo intentaré”.

Lo que les digo es que no lo intenten, que lo hagan. Porque intentar es, según el diccionario de la Real Academia, tener ánimo de hacer algo, preparar  o iniciar la ejecución de algo, procurar o pretender.

Los planes de futuro, las metas, los objetivos soñados y después convertidos en visión no se pueden quedar en una pretensión, hay que hacerlo, hay que emprender el camino, aunque no se llegue al final o nos equivoquemos en alguna de las acciones.

El “por lo menos lo habré intentado” es una declaración que puede englobar una convicción interna de fracaso, parece que en realidad se está diciendo: “ya sé que no lo voy a conseguir, pero voy a hacer algo para que no me critiques o para acallar mi conciencia”.

Las acciones tienen que venir precedidas por la convicción, por el deseo de conseguir una meta, por la motivación que da tener una visión (que es un sueño en el que nos comprometemos internamente).

Soñar es así un paso importante.

Soñar qué quieres hacer, sea cual sea tu pasado, porque, como se dice en el video que aparece a continuación, el pasado no determina tu futuro:
 

 

Es una videopresentación de un interesante libro titulado “Dónde tus sueños te lleven” de Javier Iriondo.

Y lo que el vídeo viene a resumir es que tan importante como tener una visión o un sueño es tomar una decisión.

Decisión se define como firmeza de carácter, determinación.

Continuamente estamos tomando decisiones, algunas veces en forma de inacción, de mantenernos donde estamos porque alguien nos ha dicho que nuestro sueño es imposible.

¿Imposible? Entonces tomemos la decisión de hacerlo posible, si es lo que queremos, investigando cómo hacerlo realidad.

Y una vez tomada la decisión viene el compromiso, con uno mismo y con nadie más, poniendo fecha de caducidad al sueño, para forzar su ejecución.

La decisión lleva a la acción.

Y la decisión vendrá acompañada de un objetivo, de un sueño o visión, que podemos ir acotando en pequeñas partes.

En Coaching se buscan objetivos, metas, SMART (eSpecíficas, Medibles, Alcanzables, Retadoras y esTimulantes – en una traducción de las siglas del inglés).

Específicas, porque deben ser concretas, determinadas, verbalizadas (es decir que hay que decirlas y, aún mejor, escribirlas).

Medibles, para saber cuanto hemos avanzado y cuándo las hemos obtenido.

Alcanzables para poder ver satisfechas las expectativas (si la visón o el sueño implica un objetivo muy grande, descomponerlo en pasos puede ser un camino) porque si quieres llegar a la luna de un salto y no lo consigues, tal vez sientas desilusión.

Retadoras, porque las metas fáciles no proporcionan la satisfacción que da conseguir las metas difíciles, las que nos obligan a poner todo nuestro empuje en su obtención.

Y estimulantes, porque es necesario que nos proporcionen esa satisfacción, que nos motiven internamente.

Tenemos un sueño, la decisión de alcanzarlo, una meta o varías encadenadas para ir alcanzando la visión.

Ahora hay que contarlo, porque la publicidad, la verbalización pública de nuestra meta conlleva compromiso, y “obliga” a seguir en el empeño de conseguirla.

“Yo ……. ESTOY trabajando, estudiando, aprendiendo, para alcanzar mi sueño que es…..”

La declaración pública lleva a sentir que nos hemos obligado, que nos hemos comprometido, eso sí, no hace falta contratar un anuncio a doble cara en un periódico, basta con contárselo a las personas implicadas, a quiénes nos rodean y nos importan.

Sucede que a veces las cosas no salen como pensamos, y que algunas de las decisiones tomadas no te llevan hacia donde pensabas.

Sucede que a veces nos equivocamos, porque somos humanos.

Será el momento de detenerse y meditar, pensar qué tenemos que mejorar, o cambiar de forma absoluta. Porque si sigues haciendo lo mismo obtendrás el mismo resultado, si haces lo de siempre, pasará lo de siempre.

Tal vez sea necesario rediseñarlo todo, o solamente una parte.

Pero no lo estás intentando, lo estás haciendo.

 

 

 

 

 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Volviendo desde el futuro ideal

Hoy te voy a proponer un ejercicio.

Es sencillo de realizar y te proporciona mucha información sobre ti mismo.

Comienza por una relajación. En este blog encontrarás una guía de cómo hacer una relajación. Pero voy a transcribirla después, junto con las instrucciones de este ejercicio.

Durante la relajación, entrarás en un lugar ideal de descanso y seguridad, un lugar que sólo tú conoces. Entonces encontrarás una máquina del tiempo que te transportará hacia el futuro, tres, cinco o diez años, como prefieras.

Una vez en el futuro te verás en esa situación ideal que deseas alcanzar, profesional y personalmente. Todo es exactamente como tú querías que fuera.

Podrás preguntar a tu yo futuro cómo ha llegado hasta allí, que es lo último que ha hecho, y desde el futuro volverás sobre tus pasos para comprobar qué has ido haciendo, hasta llegar hasta el momento presente.

Entonces saldrás de tu lugar de descanso, de tu estado de relajación, y podrás apuntar todo lo que vas a hacer, pero sobre todo, el primer paso.

Vamos a comenzar.

Toma asiento. Mantén los pies apoyados paralelos, la espalda recta y si lo deseas deja caer levemente la cabeza hacia delante o bien apóyala en el respaldo del asiento si es lo suficientemente alto, no es necesario modificar su vestimenta, se puede alcanzar un buen nivel de relajación con ropa normal.

Las siguientes instrucciones las puedes grabar o puedes colaborar con alguien para que te sirva de guía.

“Cierra los ojos suavemente. No trates de pensar en nada, pero tampoco luches contra los pensamientos que te vengan a la cabeza.

Inspira y expira suavemente. Entre inspiración y expiración deja pasar unos segundos con el aire dentro. No llenes los pulmones completamente, solo haz inspiraciones normales.

Después de tres o cuatro inspiraciones intenta visualizar el número diez durante una inspiración, si no lo consigues simplemente dilo para ti.

En la siguiente inspiración haz lo mismo con el número nueve, expira suavemente, muy despacio. Ahora inspira con el número ocho, expira suavemente. Ahora inspira con el número siete, expira suavemente. Ahora inspira con el número seis, expira suavemente.

Ahora inspira con el número cinco, expira suavemente.

Ahora inspira con el número cuatro, expira suavemente.

Ahora inspira con el número tres, expira suavemente.

Ahora inspira con el número dos, expira suavemente.

Ahora inspira con el número uno, expira suavemente.

Llegado ese momento trata de imaginar tu cabeza, el pelo, la frente, las mejillas, las mandíbulas, deja caer la mandíbula inferior ligeramente. Deja que los párpados estén cerrados suavemente, sin apretarlos.

Una sensación de ligero calor recorre tu cabeza y llega hasta el cuello; el cuello se relaja y la cabeza cae si no lo había hecho ya.

El calor llega hasta los hombros que también se relajan y caen.

Piensa ahora en tu brazo izquierdo, siente ese calor relajante que se extiende desde el hombro hasta el codo, y de allí hasta el dedo corazón. Toda la mano está caliente ahora, y relajada.

Piensa ahora en tu brazo derecho, sienta ese calor relajante que se extiende desde el hombro hasta el codo, y de allí hasta el dedo corazón. Toda la mano está caliente ahora, y relajada.

La parte superior de la espalda toma temperatura suavemente, dejando caer la parte superior del tronco. El pecho también se relaja, la musculatura del pecho y de la espalda se han relajado.

Dentro de ti los pulmones se llenan de aire caliente rítmica y suavemente.

Siente elevarse la temperatura del abdomen, llega hasta la parte baja de la espalda. Toda la parte inferior del tronco se relaja.

Es el turno de las piernas. La pierna derecha se relaja desde el glúteo hasta la corva. Todo el muslo se relaja gracias a la temperatura que siente. La pantorrilla también se relaja con el calor. El pie derecho aumenta de temperatura y se relaja.

Ahora es el turno de la pierna izquierda que se relaja desde el glúteo hasta la corva. Todo el muslo se relaja gracias a la temperatura que siente. La pantorrilla también se relaja con el calor. El pie izquierdo aumenta de temperatura y se relaja.

Todo el cuerpo está pesado, relajado. La respiración es suave y caliente.

Imagínate delante de una escalera que baja, observa los peldaños, la barandilla, tiene quince escalones. Baja los escalones de uno en uno, contando hacia atrás lentamente según desciendes:

Quince, catorce, trece, doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno

Estas delante de una puerta que está cerrada. Obsérvala atentamente, mira su forma, su color.

Ábrela.

Al otro lado está ese lugar especial en el que te gusta estar, ese lugar en el que sientes la más absoluta seguridad.

Comienza un paseo, camina despacio reconociendo los olores, los sonidos…

Hay un sillón, te sientas y ves unos botones en los brazos del sillón. Indican tres, cinco, diez años.

¿A qué distancia del futuro quieres ir?

Pulsa el botón.

Ahora estás viendo a tu yo futuro. Has conseguido tu sueño. Habla con tu yo futuro y pregúntale ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué es lo último que has hecho? ¿Qué nuevas habilidades tienes? ¿Qué has aprendido nuevo? ¿Cuánto te ha costado llegar hasta aquí y a qué has tenido que renunciar?

La máquina del tiempo comienza a retroceder desde el futuro hacia el presente. Puedes pararla cuando quieras para preguntar a cada yo futuro, en cada momento… tómate tu tiempo.

Cuando tú lo decidas estarás de nuevo en tu lugar ideal de seguridad. Será el momento de salir.

Ve hacia la puerta, sigue abierta, traspásala y comienza a subir la escalera. Con cada escalón estarás más cerca de despertar. Sube despacio, uno, dos, tres.

Piensa: cuando llegue arriba estaré despierto y descansado; seré capaz de afrontar el día sin alterarme, seré capaz de afrontar cualquier situación y recordaré todo lo que voy a hacer para alcanzar mi sueño, escribiré el primer paso que ya estoy dando.

Continúa subiendo, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez,

Piensa: cuando llegue arriba estaré despierto y descansado; seré capaz de afrontar el día sin alterarme, seré capaz de afrontar cualquier situación y recordaré todo lo que voy a hacer para alcanzar mi sueño, escribiré el primer paso que ya estoy dando.

Continúa subiendo, once, doce, trece, catorce, quince”     

Si has decidido hacer este ejercicio con guía, antes de comenzar convén un gesto para indicarle cuando has decidido salir de tu lugar ideal de seguridad.

El ejercicio proporciona mucha información sobre qué quieres, dónde quieres estar, cuáles son tus confianzas, cuáles son tus carencias conocidas, y cuáles son tus miedos.

Está escrito sin información de género, de manera que puedes utilizarlo cualquiera que sea el tuyo. Y por supuesto que puedes adaptarlo a tus necesidades.

Si tienes cualquier duda, no dudes en emplear los comentarios de esta entrada, o en mandarme un correo a gabinete.sumar@gmail.com.

Y si te gustó, compártelo.

 

 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Creencias


Las creencias son expresiones de conformidad con algo. Y ese algo no tiene por qué ser definido o real.
Las personas,  respecto de sí mismas, tienen creencias,  juicios preestablecidos que en muchos casos son infundados.

Esas creencias se suelen establecer en la infancia o en la adolescencia, por repetición de frases o ideas bien por uno mismo,  bien por otras personas con autoridad.

Esas creencias se instauran en el interior de la persona, y cuando son negativas se convierten en invalidantes.

Son más complejas que las etiquetas porque suponen un conjunto mayor de presunciones y de este modo influyen en más aspectos de la persona.

Las creencias de consolidan a través de varios sistemas. Los más comunes son Generalización, Omisión y Distorsión.

Generalizamos cuando de una situación, de un hecho,  consideramos al conjunto igual. Pueden comenzar con palabras como: “siempre,  nunca,  todo,  la gente dice,  se dice...”

La omisión se produce cuando del conjunto seleccionamos una parte de la información y que creemos que es la más importante: “es lo mejor,  eso es lo bueno,  lo malo” 

Por último la distorsión ser produce al interpretar el mundo desde el mapa personal,  dando por sentado que es así para todo el mundo. Lo que yo pienso lo piensan todos, lo que vale o no vale para mi es válido para todas las personas. Nos fijamos más en aquello que creemos importante o relevante para nuestras vidas.

Las creencias son formas rápidas de interpretar el mundo,  y muchas veces permiten reducirlo pata ser capaces de funcionar mejor.

En la selva (también en la urbana) suponen una ayuda y en ocasiones la diferencia entre sobrevivir o no.

Otras veces se convierten en algo que damos por cierto,  limitando la capacidad de aprendizaje, de probar cosas nuevas y en muchas ocasiones suponen perder oportunidades.

Para cambiar una creencia lo primero es detectarla,  al darse cuenta de la existencia de prejuicios (Muchas veces hace falta ayuda externa), podemos iniciar el camino preguntando, cuestionando la creencia.
Por ejemplo ante la frase: “las personas de mi edad no pueden…”queda cuestionada si preguntamos ¿quién dice que no pueden?, ¿cómo sabes que no pueden? ¿Tú no puedes? …

Algunas creencias han arraigado en nuestra cultura de forma que las damos por ciertas, condicionando nuestro comportamiento.

Por ejemplo los perfeccionismos, así el perfeccionismo de desempeño, creencia que lleva a considerar cualquier error como un fracaso absoluto, y el fracaso mismo como algo temible.

También el perfeccionismo emocional, esa idea se estar obligados a ser felices en todo momento y lugar, obligados a controlar nuestras emociones, a evitar por todos los medios sentirme frustrado.

En la relación con los demás, el perfeccionismo de percepción: “no son aceptables las personas con defectos o debilidades, no me va a aceptar se descubren mis defectos o debilidades.”

También se asienta en una creencia errónea la fobia a los conflictos, es la creencia de que debo caer bien a todo el mundo, y me debo llevar bien con todos.

Las creencias son aprendidas, transmitidas muchas veces por la cultura. Y como tantos otros aprendizajes, pueden ser desaprendidas, primero detectando cuando una creencia supone para mí una dificultad en mi crecimiento.

Segundo cuestionando su validez, la verdad de la creencia.

Tercero formulando una nueva creencia que podamos asumir mediante la repetición.

Y ahora piensa ¿cuál ha sido la última vez que has dejado de hacer algo que te gustaba porque las personas como tú no hacen eso?

miércoles, 30 de octubre de 2013

Preadolescentes Infantiles


 
Cada persona recuerda su infancia de modo distinto. Recordamos aquellos tiempos como alegres o tristes, felices, despreocupados, rodeados de juego y de deberes del colegio. De exámenes, aprobados, suspensos, castigos y premios.
 
 

Casi todos coincidimos en que “ahora no es como antes”.

“Los dibujos animados de ahora son mucho peores, y no enseñan valores”, como si los dibujos del coyote persiguiendo al correcaminos fueran un ejemplo a seguir. Simplemente eran otra cosa.

Igual que la televisión en general, los libros, o los videojuegos actuales.

La tecnología cambia al mundo y con el mundo continuamente, y al igual que las personas de 40 o 50 años aprendimos a utilizar ordenadores muy pronto, y los móviles más tarde, los niños de ahora tienen que aprender a desenvolverse con tecnologías que constituirán parte de su vida, cambiando cada vez más rápido.

Los niños manejan las pantallas táctiles de forma intuitiva, manejan los ordenadores con soltura, y son capaces de descubrir por si mismos las instrucciones de los videojuegos en cada una de las consolas que utilizan.

En este entorno, los niños desarrollan capacidades que serán necesarias para su futuro. Pero ese entorno de juego también supone posibles cambios en su comportamiento que deben ser controlados.

Para empezar el tipo de videojuegos a los que juegan, igual que el tipo de ficción que emiten las series infantiles, mediatizan su creatividad (igual que antes lo hacían los libros que leíamos o las series que veíamos). Muchas veces veo a niños pequeños corriendo por la calle con los dos brazos hacia atrás, igual que corren los protagonistas de algunas series de televisión japonesas.

Los juguetes también son propios de esta era, aunque afortunadamente algunos perduran actualizados, como las peonzas, otra vez de moda, y pronto volverán, otra vez, los yo-yos, o los juegos de construcción.

Igual que pasó a las anteriores generaciones, el entorno cultural mediatiza ahora la creatividad de los niños y sus juegos. Sus intereses irán cambiando conforme crezcan. Algunos mantendrán su interés por los videojuegos, igual que en mi generación lo hicieron por los cómics. Algunos se interesarán por los deportes, por salir de fiesta, por estudiar…

Un artículo muy interesante sobre este tema podéis encontrarlo aquí:


 
Algunos se convertirán en adolescentes-infantiles, niños de los que sus maestros dirán a los padres que “no han madurado”, que son exactamente eso, muy infantiles.

En realidad cada persona alcanza distintos niveles de madurez durante su vida, y a ritmos distintos. No pocos adultos siguen siendo inmaduros, o infantiles en sus reacciones.

El foco de mi atención hoy (y en mi trabajo como psicólogo muchas veces), está en aquellos preadolescentes que, de repente, bajan de calificaciones, se mantienen en pensamientos infantiles, en ensoñaciones… He observado que muchos de estos niños, que suelen ser muy inteligentes, emplean un buen número de horas en jugar con videojuegos, en ver la televisión, en leer libros de fantasía; y pocas horas en jugar con otros niños, o en realizar actividades físicas.

La deriva mental de estos niños comienza en una idealización de lo que se puede conseguir, de lo alcanzable en la vida, unida a un empleo excesivo de tiempo en soñar (no en mantener una visión), fantaseando en soluciones mágicas o mundos felices, en los que el esfuerzo no es necesario.

La clave no son los videojuegos, sino el mundo creado por ellos.

Son niños a los que después de suspender se les castiga en su habitación sin “maquinitas”, a estudiar; y que pasan muchas horas allí sentados, delante de los libros, para volver a suspender para desconcierto y enfado de sus padres.

Si se los observa se puede ver cómo su atención vuela de la clase, del profesor particular, del libro, o de lo que sea que no le interese, hacia su mundo. Un mundo en el que la solución a sus problemas llegará repentinamente, o a un mundo diferente al que tienen delante.

La fantasía ocupa su tiempo, y el mundo real no. Su creatividad, su imaginación, es empleada en actividades no tangibles.

Y lo que los padres quieren es que el niño apruebe, porque la organización de este mundo que les toca vivir exige que todo el mundo tenga su título.

¿Cómo solucionarlo?

En primer lugar es necesario entender que este proceso no atañe solamente a los niños, sino también a los padres, que tendrán que modificar su forma de relación con los niños.

En segundo lugar es muy importante buscar CON el niño qué es lo que le gusta hacer, dónde le gustaría estar, en que actividad le gustaría destacar. En definitiva una motivación interior.

Ese interés propio, que realmente le puede arrastrar a la acción, es el elemento con el que podremos enlazar sus “obligaciones” académicas para modelar su actividad. El proceso tiene que ser interiorizado por el niño, no tanto como un castigo/recompensa si aprueba, sino que debe transformar el estudio en una herramienta o un medio para conseguir sus verdaderos fines.

Encontrar algo que le motive es esencial, porque servirá para sacarle de su inacción, para mostrarle que puede conseguir sus metas si se mueve hacia ellas, y que los obstáculos que tenga en el camino (por ejemplo aprobar las asignaturas) son tan solo retos que harán más reconfortante la obtención de la meta.

También es importante saber que el objetivo puede cambiar, desde un viaje hacia la nueva consola PS5, o aprender a montar a caballo. Lo importante es aprender con el niño, acompañarle, y orientarle su sueño hacia algo alcanzable, enseñándole que puede alcanzarlo por sí mismo, sin esperar a la solución mágica.

¿Empezamos?

 

 

 

 

miércoles, 23 de octubre de 2013

El azar, el deseo, el control y la voluntad de crecer


“Ella nunca iba andando al trabajo. No estaba lejos, pero no la gustaba caminar por la mañana, así que esperaba al autobús, y siempre se sentaba en el mismo asiento.
Esa mañana olvidó el monedero y decidió caminar en lugar de volver a casa a por él.
Esa mañana el autobús tuvo un accidente con un camión que transportaba barras de acero para una obra. Una barra se incrustó a través de los cristales justo en el asiento que ella solía ocupar. Ella nunca lo supo.”
El azar existe, y es parte de nuestra vida, a veces para bien, y a veces para mal. En la vida tomamos decisiones que nos llevan a situaciones complicadas, y otras veces nos salvan de ellas, simplemente porque existen zonas de nuestro entorno que no controlamos.
Nosotros podemos controlar nuestra vida, podemos tomar decisiones, podemos actuar de acuerdo con esas decisiones, podemos planificar y perseguir nuestros sueños.
Y el azar seguirá ahí.
Influye en la vida desde su mismo comienzo, porque no es lo mismo nacer en un país del primer mundo que en una remota aldea del tercero, no es lo mismo nacer hombre que mujer, no es lo mismo nacer rico que pobre.
Además en nuestra vida influye el hecho de ser animales sociales, influyen las actuaciones de los demás. Lo que otros hagan o digan tendrá influencia en los futuros actos de cada persona, especialmente lo que se diga a los niños.
Pero todo eso se puede modular por cada persona.
La semana pasada hablaba del error del cuerpo del nadador, que lleva a pensar que los nadadores profesionales tienen ese cuerpo debido a las horas de entrenamiento, cuando lo que hacen esas horas de entrenamiento es modelar ese cuerpo, que ya era de por sí especial.
Es el error que se comete al pensar que algunas escuelas son especialmente buenas porque de ellas salen  alumnos muy bien preparados, cuando lo que hacen es modular a alumnos escogidos por su capacidad.
Las personas podemos decidir lo que hacemos en nuestra vida. Para eso tenemos capacidad y libertad suficiente, en general, para modular el futuro, siempre teniendo en cuenta que en el mundo están las demás personas además de la propia Naturaleza.
Aunque no podemos cambiar es el pasado, sí podemos aprovechar sus enseñanzas y podemos revisar las emociones que nos producen los recuerdos.
En los años anteriores a esta crisis, prosperó un modelo de comportamiento, o de pensamiento, basado en la psicología positiva, pero llevado hacia el límite. Se asentaba sobre la idea de que cualquier persona era capaz de conseguir cualquier cosa en cualquier situación. Y si no alcanzaba ese objetivo, era porque no lo quería con suficiente fuerza, y entonces su fracaso era por su culpa.
Para mí esta es una perversión de una idea positiva, una perversión en definitiva de la Psicología Positiva.
Decía uno de los libros dedicados a esta idea que no era casualidad que un porcentaje muy bajo de la población poseyera la mayor parte de la riqueza del mundo. La escritora atribuía esa diferencia a que esas personas “lo deseaban más”, con más consistencia.
No creo que sea una cuestión única de causalidad, sino de también de casualidad, de fortuna de nacimiento.
Es el error del cuerpo del nadador, que hace suponer que quién es más rico siempre lo es porque ha luchado por ello. En el sentido contrario tampoco es cierto que todas las personas ricas lo sean por razón de nacimiento.
Sin duda el esfuerzo cuenta, la decisión cuenta, el deseo cuenta. Detrás de las personas exitosas suele haber mucha trabajo, con independencia de la situación de partida.
Debemos creer en nosotros mismos, confiar en nuestras capacidades, abandonar la zona de confort para perseguir nuestra visión, e incluso cambiar de visión si encontramos una mejor. Podemos confiar incluso cuando las cosas aparentan estar muy mal, y podemos redirigir nuestra vida en cualquier momento, levantándonos del suelo para comernos el mundo.
Sin dejar de tener los pies en el suelo, y recordando que el azar también cuenta, pero que ese azar puede jugar a nuestro favor si así o decidimos, tomando lo que venga a nuestro favor, como hacen los veleros para avanzar, venga el viento de la dirección que venga. Considerarnos afortunados de estar en la situación en la que estamos, y de haber partido de una buena casilla de salida, no menospreciando a quién no tuvo esa suerte.
Cuando actuamos con decisión, caminando hacia esa visión, ocupándonos de nuestra vida, todo parece ir bien y parece que el mundo se pone a nuestro favor, quizá porque tenemos todos los sentidos abiertos, y la mente está preparada para tomar la oportunidad cuando venga, o a crearla si tarda en llegar.
Incluso somos capaces de encontrar puntos positivos en las derrotas, en las decepciones o en las caídas.
Un golpe puede suponer un cambio en tu sueño, una nueva dirección para tu visión. Porque lo que ha sucedido no se pude cambiar. Esa derrota producirá un sentimiento, una emoción como enfado, miedo, tristeza, ira… Son emociones humanas, esperables y deseables. La emoción surge de dentro como parte de nuestra humanidad. Es tu decisión cuanto tiempo quieres quedarte en esa emoción, si quieres avanzar, o quieres quedarte dándole vueltas como un león en una jaula.
Esta es la base de este blog, de mi trabajo como psicólogo, y de mi forma de entender la vida. Siempre se puede obtener algo bueno de un tropiezo, o de una situación complicada, porque incluso en una botella casi vacía aún queda algo de agua para un trago, y si se vació del todo, seguro que podemos buscar una fuente.
Crecer y avanzar, tropezar y seguir andando, y asumir que a veces el camino se hunde sin previo aviso, pero el camino no va a decidir mi ánimo, lo decido yo.
Siempre hay un margen para la mejora, para encontrar un sueño o perseguir una visión, para luchar por alcanzarla.
Siempre, si quieres.
¿Quieres?
 
 
 
 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Errores de la mente


Hace poco, a través de una publicación en Facebook de una amiga, he descubierto un interesante artículo en una página llamada “The Fast Company” (www.fastcompany.com) (Muchas gracias Danielle).

Trata sobre ocho errores subconscientes de la mente. Errores como la tendencia a rodearnos de personas e informaciones que coinciden con nuestras creencias, de modo que muy poco de lo que percibimos contradice lo que creemos. Se correspondería con ese dicho español de “solo oyes lo que quieres”. Se llama sesgo de confirmación.

Cuenta en ese artículo que una ilusión relacionada con este error es la “ilusión de frecuencia” que hace que cuando nos sucede algo seamos más proclives a ver a personas alrededor a las que les ha sucedido algo similar. Es típico en las mujeres embarazadas (y sus maridos, doy fe), que de repente comienzan a ver a muchas más mujeres embarazadas de las que parece racional encontrar.

Otros errores que se comentan en el artículo son el de preocuparse por cosas que ya hemos perdido o gastos que ya hemos hecho.

El de considerar erróneamente las probabilidades de que suceda algo (es particularmente intenso en los ludópatas).

La racionalización de adquisiciones o compras que no queríamos hacer (en lugar de devolverlo, que s3ría lo más lógico)

El de creer más en los recuerdos que en los hechos, esto es, el confiar en aquellas cosas que recordamos con más viveza frente, al hecho de que no sea cierto. Este error se produce porque la mente y la vista nos engañan, por ejemplo, en la última línea del párrafo anterior es posible que hayas leído la palabra “sería”, cuando en realidad pone “s3ría”. Probablemente no has reparado en el número (o sí).

Otro error es pensar que no hacemos caso a los estereotipos, pero continuamente damos por ciertas características de personas basadas en meros estereotipos. Una forma excelente de contarlo la encontraréis en la siguiente charla de la novelista Chimamanda Adichie en TED



Otro error en el que caemos frecuentemente es el de interpretar situaciones o hechos basados en una ilusión, ya sea óptica o mental. Eso nos lleva a tomar decisiones, creyendo que somos nosotros los que llevamos el mando, cuando en realidad la decisión está guiada por algún aspecto exterior. Está mucho mejor explicado en el siguiente vídeo:

http://www.ted.com/talks/dan_ariely_asks_are_we_in_control_of_our_own_decisions.HTML
El último error de la lista del artículo (aunque numerado como 2) es lo que llama el autor la ilusión del cuerpo del nadador.

Este es un error complejo, que describe como la creencia en que los nadadores profesionales tienen un cuerpo perfecto debido a que entrenan mucho, mientras que realmente los nadadores que llegan a ese nivel lo hacen precisamente porque tienen ese cuerpo.

Es una cuestión compleja, relacionada con la psicología positiva, con la creencia en que el ser humano puede superar los problemas y de qué manera, y con la forma en que esas creencias de capacidad de crecimiento y de consecución de equilibrio interno han sido pervertidas para hacer creer que todo el mundo puede lograrlo todo siempre y en cualquier momento, y que si no consigue sus más absolutos sueños es porque no pone todo el interés en conseguirlo (y entonces es un fracasado).

Son dos ideas contrapuestas, por un lado la creencia de que todo se puede conseguir con esfuerzo y con suficiente “deseo”. Por otro la realidad del mundo, en el que no todos consiguen alcanzar sus sueños. Nada es absoluto, depende de dónde hayas nacido, de cómo hayas crecido y que hayas aprendido. También depende de si quieres cambiar, y de si eres capaz de crecer y variar tu camino, de si quieres ser capaz de hacerlo.

El equilibrio entre las dos ideas es la base de mi forma de entender la vida y mi trabajo como psicólogo. Y será objeto de la próxima entrada, la semana que viene.