miércoles, 19 de junio de 2013

VERBALIZANDO



Verbalizar es, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Expresar una idea o un sentimiento por medio de palabras”

Si atendemos a las conversaciones a nuestro alrededor, de una manera superficial, parece que las personas constantemente hablamos de nuestros  sentimientos… pero… si atendemos un poco más, veremos que lo que se expresan son opiniones, ideas y sentimientos sobre los demás, y en muchas ocasiones reproches.

“Me vuelves locaaa” le gritaba el otro día en el metro una madre a su hijo. No conozco los antecedentes de la situación, así que no puedo saber si lo que decía era cierto, aunque fuera figuradamente. De lo que sí estoy seguro es de que la madre estaba lanzando hacia su hijo una bomba de reproche.

En alguna entrada anterior he tratado el tema de la asertividad, de la comunicación asertiva como forma de relacionarse con los demás, expresando nuestros sentimientos, pero sin hacer de ellos un arma arrojadiza, sino de forma que el “otro” entienda lo que sentimos, y podamos juntos encontrar un camino de encuentro en las acciones de ambos.

¿Es posible esa comunicación asertiva en el interior? Es decir, ¿Podemos verbalizar nuestros sentimientos sin que suponga además un daño hacia nosotros mismos? ¿Podemos hablar con nosotros mismos diciendo lo que sentimos acerca de nosotros, sin hacernos daño en el intento? Seguro que sí.

Verbalizar las emociones positivas es importante. Permite que nos hagamos explícito lo que sentimos de bueno, permite que reconozcamos lo positivo de nosotros, lo que nos gusta de nuestra forma de ser. Ese refuerzo positivo servirá para tener más claros nuestros valores, nuestros amores.

Y verbalizar las emociones negativas también es importante. Porque al hacerlas explícitas las quitamos parte de su poder sobre nosotros. Permite que las alejemos de la esfera íntima, que las veamos desde fuera, que las pongamos en otro contexto, mirarlas con otras gafas o desde otra óptica, o con un cristal de otro color.

Claro, que hay un pequeño detalle en los dos últimos párrafos, algo que podría darse por supuesto, y no es así. He escrito deliberadamente “emociones positivas” y “emociones negativas”. Con una valoración que la mayoría entenderá, quizás. Sucede que posiblemente no todos entendamos negativo y positivo de la misma forma.

Para algunas personas la tristeza puede ser constructiva, les puede permitir elaborar arte de forma más intensa. Sin la tristeza que conlleva, el Adagio de Albinoni no sería tan hermoso.




Para otras personas esa tristeza es incapacitante, cuando se instala de forma permanente sin que la pérdida sea asumida .

Sin embargo en ocasiones la tristeza, el dolor por las pérdidas, es sanadora. Permite dejar que la “herida” se cure. Llorar para dejarlo ir.

No tengo tan claro que tristeza sea una emoción negativa. Y lo mismo seguramente se podrá decir de muchas otras emociones que se sitúan en la esfera de lo “que hay que evitar” en este primer mundo volcado hacia la satisfacción y la felicidad.

Entonces ¿qué he querido decir con emociones negativas? Simplemente aquellas que te hacen sentir mal, Son emociones a veces asociadas a situaciones cuya evocación te produce encogimiento físico,  situaciones que, al recordarlas, te hacen mirar hacia abajo y entrecerrar los ojos. Verbalizar lo que sientes en ese momento puede ayudar a entender, poner nombre al sentimiento, y comprenderlo es uno de los primeros pasos para, después, pasar a la acción y quitarle el poder a esa emoción, a ese sentimiento que nos aturde.