jueves, 6 de marzo de 2014

Burnout

El síndrome (esto es, un conjunto de síntomas que unidos tienen un significado clínico) de Burnout también llamado síndrome de desgaste profesional es una "sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resultaba de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador" (según la definición de Freudenberger, 1974).

Se conoce como “estar quemado”, y va más allá de la frase que muchas veces se pronuncia respecto del trabajo o de otras situaciones vitales. Se trata de una situación personal y emocional de absoluto agotamiento mental

Otra definición de burnout fue dada por Maslach  y Jackson (1981)  como "un síndrome tridimensional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal".

Para concretar más de estas tres dimensiones las definimos siguiendo a Sarros y a Garcés de los Fayos, 2003:

1ª Agotamiento emocional (sensación de estar exhausto): sensaciones de sobreesfuerzo físico y hastío emocional consecuencia de las continuas interacciones que los trabajadores deben mantener entre ellos y con los clientes.

2ª Despersonalización (cinismo) que se define como el desarrollo de actitudes de respuestas cínicas hacia las personas a quienes los trabajadores prestan servicios.

3ª Reducida realización personal (sensación de ineficacia), que conlleva la pérdida de confianza en las propias. capacidades y la presencia de un autoconcepto negativo como resultado de situaciones ingratas.

Además el burnout puede ser contagioso, ya que los trabajadores que  padecen el síndrome pueden afectar a los demás de su letargo, cinismo y desesperación (Garcés de los Fayos, 2003).

Lo cierto es que para la mayoría de los autores que han estudiado este síndrome su principal detonante es el trabajo, y sigue una serie de etapas que se inician en un desequilibrio entre lo exigido en el trabajo y las capacidades del trabajador, desequilibrio ante el que se responde en una segunda etapa con ansiedad, fatiga y agotamiento y que termina en un cambio de conductas, pérdida de la vocación o del interés por el trabajo y decepción sobre los valores de los superiores.
Se siente una absoluta impotencia respecto de cada uno de los días de trabajo, con sensación de cansancio desde el inicio del día. El trabajo no produce ninguna buena sensación, ninguna motivación se encuentra para realizar el esfuerzo de hacer las tareas.

Entre los síntomas visibles de burnout podemos encontrar fatiga o cansancio crónico, trastornos del sueño, desórdenes gástricos y tensión muscular dentro de los síntomas psicosomáticos; absentismo laboral injustificado, menor capacidad de trabajo, actuaciones hostiles hacia los compañeros y tendencia al conflicto dentro de los síntomas de conducta y laborales y, emocionalmente, irritabilidad continua, dificultad para concentrarse y distanciamiento afectivo incluso con personas cercanas.

Son más susceptibles de padecer estos problemas trabajadores con especial relación con los clientes, con atención al público especialmente cuando esa relación es intensa y continuada, y aun entre ellos, los que inicialmente tuvieron una mayor dedicación o compromiso con los demás.

Según la Wikipedia, “el síndrome de burnout es muy frecuente en personal sanitario (nutriólogos, médicos, enfermeras/os, psicólogas/os, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, terapeutas familiares y consejeros matrimoniales, así como también personal administrativo) y docente no escapando por cierto otros profesionales como deportistas de élite, teleoperadores (operadores de Centros de llamadas), ingenieros…”

Hace unos cuantos años hice un estudio sobre personal administrativo con atención al público, de una determinada Administración. Posteriormente se publicó un artículo con las conclusiones en la revista PW Magazine, del mes de abril de 2004.

El resultado fue duro, de las personas encuestadas la mayoría sufrían burnout en mayor o menor grado, encontrándose algunas de ellas en un nivel de estrés, de “estar quemado” muy alto.

Este síndrome ha vuelto a aparecer en mi vida de la mano del trabajo de una persona allegada, no en ella, pero sí en algunos de sus compañeros de trabajo, de los que se percibe que cada vez rinden menos, y contestan peor al público.

En estos tiempos ambos comportamientos no son muy buenos, de cara a mantener el puesto de trabajo.

Hasta aquí la descripción y las pegas.

Ahora lo importante: ¿qué se puede hacer desde el coaching y la psicología positiva?

Lo primero es conocer, de uno mismo, si se está “quemado” por el trabajo. No simplemente cansado o aburrido de trabajar, sino realmente quemado por ese trabajo.

La forma es realizar un test de burnout. Cierto es que en Internet se pueden encontrar estos test y cómo corregirlos, pero es mejor que sea una persona distinta a ti la que te pase el test y lo corrija, para que el resultado sea menos subjetivo.

Si quieres escribe a gabinete.sumar@gmail.com solicitando un test de burnout y te lo envío para que lo rellenes; una vez cumplimentado me lo puedes reenviar para obtener tu puntuación y conocer su situación real en relación al burnout.

Contra esa sensación de estar quemado en el trabajo, en todo caso, se pueden emplear algunos recursos.

Primero quebrar el absoluto negativo que envuelve a ese estado: ¿Siempre ha sido así? ¿Has sentido antes sensaciones positivas en el trabajo? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué puedes cambiar en tu entorno inmediato? ¿Qué puedes cambiar de ti respecto del trabajo? ¿Te has dado cuenta de que hay más vida además del trabajo?

El tiempo libre es importante, y las personas que te rodean no tienen responsabilidad alguna sobre tu situación laboral. Buscar alternativas para que ese tiempo sea importante y enriquecedor ayuda a minimizar el impacto del trabajo.

El ejercicio físico es una buena opción, mover los músculos y también estirarlos para que esa sensación de compresión física sea menor o incluso desaparezca. El ejercicio ayuda al cerebro a funcionar mejor.

También puedes emplear técnicas de relajación y meditación para mejorar tu estado mental. Permiten que nos sintamos más tranquilos en general, y desde esa tranquilidad pueden verse las situaciones distintas. Cambiar la perspectiva ayuda a ver nuevas posibilidades.

Mejorar tu respuesta asertiva es otra posibilidad.

Hablar. Hablar con las personas que te rodean, permitiendo que escuchen y formen su opinión, y escuchar lo que te digan también es una forma de cambiar la perspectiva. Quizá lo que para ti es un muro para otro solamente sea una pequeña valla.

Y por supuesto, acudir a un profesional, y psicólogo si tu situación está dentro del síndrome y te encuentras sin respuestas, o un coach si crees que es un reto que puedes superar con tus propios conocimientos, sólo que aún no sabes hacerte las preguntas.

Tu decides.