miércoles, 6 de febrero de 2013

Responsabilidad y culpa



Culpa y responsabilidad son palabras que a veces se emplean como sinónimos, pero que son muy distintas en realidad.
La diferencia es que la culpa tiene un componente de voluntariedad, de intencionalidad. Tienes la culpa cuando haces algo mal a propósito.
Eres responsable de todo lo que haces.
Sea cual sea el resultado.
Si el resultado es positivo, entonces eres responsable del éxito obtenido.
Si el resultado es negativo, eres responsable de tus errores. Si se ha producido algún daño, deberías compensarlo en la medida de lo posible.
En cualquier caso lo que es más importante es aprender de los errores.
Otra cosa muy diferente es el sentimiento de culpa.
Y este es un sentimiento bastante inútil, especialmente cuando no se estaba buscando hacer daño.
Algunas personas tienden a culpar de todo lo malo que les sucede al exterior, a otras personas, a la genética, al tiempo, en definitiva a cualquiera que no sean ellos mismos.
Otras personas tienden a culparse de todo lo que les pasa, y nunca reconocen los éxitos que hayan podido tener.
A este concepto se le llama en Psicología “Locus de Control”, y podríamos definirlo como el lugar en el que las personas ubican la responsabilidad de lo que les sucede, el lugar que determina el control de su vida. El grado en que un sujeto percibe que el origen de eventos, conductas y de su propio comportamiento es interno o externo a él.
Se suele considera como un rasgo de la personalidad, y como todos los rasgos es una cuestión de grados.
Existen dos extremos en la definición de este rasgo, interno y externo:
Las personas con Locus de control interno consideran que lo que les sucede es consecuencia sus propias acciones, es decir la percepción que él mismo controla su vida. Y por lo tanto valora positivamente su esfuerzo, su habilidad y su responsabilidad personal. (Ver Wikipedia).
Estas personas suelen ser más beligerantes en caso de confrontación, tratando de reconquistar el control. Se sienten más satisfechos de sus éxitos, que consideran logros de su esfuerzo, y suelen tener buena imagen de sí mismos.
Sin embargo quien ubica el control en el exterior (Locus de control externo), creen que lo que les sucede es resultado del azar, del destino, de la suerte o de lo que los demás hagan o decidan. Por lo tanto lo que les pase no tendrá relación con su desempeño, y no pueden controlarlo por si mismos, por grande que sea el esfuerzo que hagan. Así que los méritos y problemas se los cargarán a los demás.
Por el lado positivo, se enfrentan mejor a enfermedades o a problemas graves, porque en definitiva “no dependen de uno, sino de algo exterior”.
Frente a estos problemas, las personas con locus de control interno buscarán la causa en su interior, en sus acciones, lo que puede que no suceda, derivando en nervios y ansiedad.
Dice Wayne Dyer (Tus Zonas Sagradas) que si crees que el exterior tiene la culpa de lo que te pasa, sea positivo o negativo, lo que haces en definitiva es repartir culpas y abandonar tu control. Y lo que es peor,  es reconocer que no tienes dominio de la situación.  Con el tiempo derivará en creerte incapaz de controlar la propia vida. 
El extremo del control interno tampoco está exento de problemas. Porque en definitiva el azar existe, y en la vida las decisiones de los demás afectan a lo que nos sucede. Otra cosa es cómo seamos capaces de afrontar las consecuencias de los actos de los demás.
A veces me he encontrado con personas que echan la culpa de los problemas, errores, fracasos y en general de todo lo que no haya salido como esperaban a quienquiera que se encuentre cerca, o al tiempo, o al empedrado. Sin embargo cuando sale bien les oyes vanagloriarse de sus éxitos.
Aparentemente es la mejor de las personalidades. Es la personalidad de “yo soy el/la mejor”. Una persona así no tiene aparentemente problemas de autoestima.
Lo que pasa es que si tienes a alguien así a tu alrededor, “cansa” un poco, y esa persona puede verse de pronto aislada, y cuando cometa un error (como todos cometemos), puede verse señalada, siendo objeto de burlas. El resultado de situaciones así, es que la autoestima se tambalea. Además creo que ni son tan “internos” en sus éxitos, ni tan “externos” en sus fracasos.
Quizá lo mejor es asumir la responsabilidad en lo que se hace, asumir los errores y alegrarse de los éxitos conseguidos mediante trabajo. Dar el valor que tiene a la suerte, buena o mala.
Y volviendo al principio de la entrada, dando a los actos su valor, alejando el sentimiento de culpa, que en ocasiones invalida a la persona y le impide avanzar.
Cuantas veces perdemos tiempo recordando una situación desagradable, algo que salió mal, un accidente… y pensamos “si yo hubiera hecho…” “si no hubiera…” No sirve de nada ese tipo de pensamientos, y tenemos derecho a no sentirnos culpables de aquellos actos  en los que no quisimos hacer daño pero algo salió mal (otra cosa es asumir las consecuencias de los errores, aunque hayan sido por descuido, responsabilidad).
En primer lugar es importante darse cuenta de cuando se cae en esa cadena de pensamientos, y detenerla, con cualquier pensamiento distinto, o mirando detenidamente a algo de nuestro alrededor, o prestando oídos a algún ruido.
En segundo lugar podemos usar una técnica sencilla, que consiste en ver esa situación desde fuera, como espectadores, tratando de ver los errores, pero también los aciertos, lo que hicimos bien, lo que ese personaje que ya no somos nosotros hizo o pensó hacer bien. Se trata de poner una cierta distancia emocional con la situación, para evitar que nos siga afectando.
La mente sabe curarse, y cuando se le da espacio y tiempo, lo hace mejor y más rápido.