miércoles, 13 de febrero de 2013

Memoria y olvido



Estos días Nicolás (mi hijo, que tiene  años) está aprendiendo las tablas de multiplicar. Para ayudarle estoy empleando técnicas de sugestión induciendo una relajación profunda. Después le llevo hasta el interior de su mente, (donde además hay una caja fuerte en la que guarda sus miedos) y le repito las tablas de multiplicar.

Todos las aprendimos repitiéndolas una y otra vez hasta conseguir su sobreaprendizaje, como muchas otras cosas que fuimos capaces de aprender de niños.

Sin embargo muchas veces he oído decir: “No tengo memoria”

Y lo cierto es que yo también la he dicho.

Pero es mentira. Porque sí que tenemos memoria, el asunto es en qué la aplicamos.

En qué utiliza cada persona su memoria.

Todos somos capaces de recordar las tablas de multiplicar que aprendimos de pequeños.

Sin embargo cuando nos repetimos una etiqueta, una y otra vez, como por ejemplo esa de “no tengo memoria”, o “estoy perdiendo la memoria”, lo que estamos es lanzando un mensaje a la mente, un mensaje que se irá incrustando cada vez más profundamente.

Una manera de detener el proceso es darse cuenta de que sí tenemos memoria, y observar qué somos capaces de recordar a diario, cosas sencillas, como el camino a casa, los libros o la música que nos gusta; o complicadas relacionadas con el trabajo o con aficiones.

La sensación de no recordar cosas es común. A muchos nos cuesta recordar números de teléfono que empleamos a menudo, porque ahora solamente tenemos que buscar el nombre en el móvil. Las agendas electrónicas de los teléfonos inteligentes hacen que no necesitemos recordar las citas.

Yo empleo una agenda de papel y la del móvil, aun así hay veces que olvido cosas que tendría que hacer. Obviamente no eran importantes… para mí.

Y es que cuando algo es importante, se recuerda.

Y a veces alguna cita que se teme o que causa disgusto, se “olvida” aunque sea importante.
El cerebro hace estas cosas. A veces esconde citas a las que no se quiere ir, o que no son importantes para uno. A veces nos trae un recuerdo sin venir a cuento, o un olor, o un sonido.

Los medios modernos funcionan como una memoria extendida, y yo creo que no hay que desestimar su utilidad. Lo interesante es emplear la memoria y las capacidades para aquello que nos interese, ya sea el trabajo, el ocio, el perfume de la persona querida, la letra de una canción.

Trabajad con recuerdos importantes, y dejad al cerebro que olvide lo que no lo es.

No creo que sea bueno recordarlo absolutamente todo, y no por un simple problema de capacidad de los circuitos neuronales. Porque en realidad la mayor parte de la información habrá quedado almacenada ahí aunque no seamos capaces de acceder a ella. Lo que sucede es que el cerebro desestima lo que no le parece relevante.

Si constantemente le repites que no tienes memoria, te hará caso. Si le repites que eres capaz de recodar lo que te interesa, también te hará caso.

Vi hace algún tiempo una serie de televisión de tres capítulos que se llama “Black Mirror”. En uno de los capítulos las personas tenían un dispositivo en la cabeza que lo grababa todo, de modo que se podía acceder a todos los recuerdos visuales y auditivos como con una cámara de vídeo, siendo así capaces de ver escenas que sucedieron alrededor (en el campo visual) pero de las que los personajes no eran conscientes hasta su revisión.

Además de la pérdida de intimidad que suponía porque otros podían acceder a tus recuerdos, el exceso de información provocaba un serio disgusto al protagonista.

Tenemos memoria, muy buena memoria. Y la podemos emplear para aquello que más nos interese. Pero además tenemos la suerte de poder olvidar.