miércoles, 2 de octubre de 2013

Quejas

 
- ¿Cómo te va?

- Aquí, aguantando ¿Y tú qué tal?

- Yo sobreviviendo…

- Bueno, mientras respiremos…

Era una conversación entre dos personas aparentemente sanas, sin problemas económicos a juzgar por el lugar donde se desarrollaba (un gimnasio).

Es una de tantas conversaciones de cortesía que se formulan en lenguaje negativo. No estoy seguro de por qué razón se realizan estas conversaciones, por qué se resaltan palabras negativas, como intentando excusar que la vida va bien, que apenas se tienen problemas importantes.

A veces parece que lo hagamos por solidaridad con los tiempos que corren,  para evitar llamar la atención sobre nosotros. No sé si es para demostrar que la crisis nos afecta.

Cuando se inicia una conversación así,  parece que todo se vuelve negativo desde el comienzo. Es una conversación basada en la queja, como si quejarse de todo y por todo fuera lo normal, lo esperable.

La queja es improductiva.

En muchos casos producimos quejas genéricas, sin un objetivo claro, solamente nos quejamos de la mala suerte, del entorno, de la vida misma. Otras veces la queja va dirigida hacia algo inalcanzable por la queja en sí, son quejas sobre la situación política, la crisis, los políticos, el trabajo. En estos casos parece que la queja tiene como única finalidad liberar tensiones.

Algunas veces la queja tiene un origen concreto, que puede ser una enfermedad, un dolor, una pérdida, la forma de comportarse de otra persona. Tampoco se obtendrá gran cosa con estas quejas. Siguen siendo improductivas; como mucho se conseguirá una discusión.

Cuando nos instalamos en la protesta continua, en la palabra negativa, aun cuando se trate de una simple pose ante la vida para que los demás vean qué afectados estamos, lo que estamos llamando es a la negatividad, estamos creando un micromundo negativo alrededor, puesto que los demás nos devolverán lo mismo, respuestas negativas, como en la conversación del principio de la entrada.

Goleman cuenta en su libro Inteligencia Emocional que en una ocasión subió a un autobús cuyo conductor saludaba amablemente a los pasajeros cuando subían, y después mantenía una continua actitud positiva, sustentada en una charla optimista sobre lo maravilloso del entorno. Este conductor conseguía que los pasajeros cambiaran de actitud.

Una actitud positiva cambia la actitud de los demás, un corto que expresa muy bien esta idea es este: 





Las palabras que continuamente decimos modelan y moldean nuestro mundo.

Así que puedes decidir entre quejarte, y generar un mundo negativo alrededor, o cambiar tu modelo de lenguaje con palabras positivas, buscando elementos positivos allí donde estén, encontrando formas de mejorar o de cambiar lo que no te guste de tu entorno.

La queja continua no conduce por si misma a ningún sitio. Otra cosa distinta es la reclamación, una distinción del Coaching Ontológico.

Así se diferencia entre quejarse, es decir, lamentarse públicamente sobre algo o alguien, lanzando en ocasiones esa queja como arma arrojadiza contra la otra persona haciéndola ver lo mal que lo está haciendo, y reclamar, que consiste en hacer saber al otro lo que molesta, la concreta actuación que molesta, lo que me hace sentir esa actuación (no la persona, sino sus actos), cómo me gustaría que pasase, y además hacer saber que estoy dispuesto a negociar para solucionar el problema.

Las quejas arrojadizas son muy comunes en las relaciones personales cercanas, tanto en la pareja, como con los hijos o en el trabajo. Nos quejamos de lo que nos molesta, y hacemos saber al otro que nos molesta mucho, y relacionamos esa molestia con la persona misma, y no con sus actos.

El marido que solo ve futbol, el hijo que no estudia, el compañero que no hace el trabajo que esperábamos de él… Se lanza la queja a la cabeza del otro, y por supuesto que se obtiene una respuesta agresiva, o defensiva. No aceptará fácilmente el otro que algo hace que no agrada, se defenderá del ataque, y pasará él mismo al ataque expresando todo lo que molesta de quién se quejó.

Con la queja solo queremos eso, quejarnos, hacer saber al otro lo mal que nos hace sentir. Con la reclamación buscamos cambiar las cosas, para mejorarlas.

Una respuesta es la comunicación asertiva, de la que ya he hablado en alguna ocasión. Separar la persona de sus actos; porque son los actos los que molestan y no la persona, de modo que se puede proponer que se modifique la actuación.

En resumen, la forma de comunicarnos con los demás, exactamente igual que la forma en que nos hablamos a nosotros mismos, modela el mundo que nos rodea a cada uno.

Cambiarlo es posible.