miércoles, 6 de marzo de 2013

Uno, Dos y ...


Los cachorros humanos son los que más rápido aprenden. 

Igual que el resto de la animales exploran sus límites, sus horizontes, y necesitan hacerlo para aprender a enfrentarse con la vida.

Mirad este precioso vídeo sobre los cachorros:


(Gracias Gus)

Pero mientras que la mayoría de los animales explora los límites físicos solamente, los humanos exploran los límites físicos y también los límites mentales, aquellos a los que pueden llegar respecto de los padres y de las demás personas mayores.

Necesitan hacerlo, y es su trabajo. Los niños tienen que moverse, intentar conseguir las cosas que se les prohíben o que están lejos de su alcance.

Cuando quieran algo lo señalarán, lo requerirán. Depende del adulto el dárselo o no, o dejar que lo consiga por sí mismo; o, mucho más difícil, negárselo.

Tienen que aprender, y para eso tienen que experimentar. En la parte física tienen que utilizar herramientas, en la medida de sus capacidades físicas. Tienen que subirse a todos sitios, siempre con vigilancia y acompañados por palabras de apoyo, y no por amenazas (recuerda lo que conté acerca de lo obedientes que son los niños ).

Una idea que me gustó acerca de permitir a los niños hacer cosas "peligrosas" la podéis ver aquí.

También van a explorar los límites de las personas, van a intentar manipular a los adultos para conseguir lo que quieren. Pronto aprenderán que el llanto hace que los mayores estén pendientes de ellos. Si con el llanto consiguen siempre lo que quieren, lo aprenderán. Y si antes les hemos negado algo y se lo damos cuando llore, también lo aprenderán (“dáselo, que deje de llorar”, ¿lo has oído alguna vez?).

Tenemos que ponerles límites a los niños cuando son pequeños. Límites para que no nos manipulen, límites para que sepan que han de obedecernos. Pero no límites en cuanto a cuanto puedan aprender. Si la tarea lo necesita podemos acompañarlos, sin hacer las cosas por ellos. No es fácil. Especialmente cuando tenemos prisa. Y hay que aceptar que se van a manchar, que van a manchar la casa y que se pueden hacer daño.

Y si vas a ponerle límites, si quieres que deje de hacer algo o que cumpla con alguna obligación, tienes que cumplir tu palabra.

Un método para conseguir que nos hagan caso es contar: uno, dos y tres. Si vas a contar para que tu hijo haga algo, debes estar preparado para la posibilidad de que no te obedezca, ten preparado un castigo (por ejemplo mandarlo a un rincón de pensar) que sea posible de aplicar. Después cuenta con una cadencia, y si no hace caso pasa del dos al tres, no al dos y medio, porque aprenderá que siempre tiene más tiempo. Y si tienes que contar tres, aplica el castigo, sin dudar y sin dar marcha atrás, o aprenderá que se puede saltar los límites porque no va a pasar nada.

Recuerda que está aprendiendo, y que aunque carezca de conocimientos sí es capaz de razonar. Recuerda que constantemente está creciendo, física y mentalmente.

Un libro para tener una idea de las capacidades crecientes de los niños es:

“Tu hijo de los 3 a los 12 años”, de Ernesto Sáez Pérez .

Y un buen libro para tener una idea de cómo se está desarrollando es:

“Garabatos. El lenguaje secreto de los niños”, de Evi Crotti y Alberto Magni .