martes, 15 de enero de 2013

Amigos, amores.


He estado haciendo una lista de las personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida. Son muchas, y la mayoría han sido personas a las que he visto durante un corto periodo de tiempo, y con las que he congeniado bien, que me han aportado ideas y valores a mi vida, pero con las que luego apenas he continuado con la relación, casi siempre porque yo no la he mantenido.

En la lista he ido marcando a las personas que considero amigas mías.

Entonces me he parado a pensar…¿por qué creo que son amigos? ¿qué diferencia a conocidos de amigos?

El tiempo no, porque a algunas personas las he visto a diario durante años y nunca he llegado a tener amistad con ellas. Sin embargo a alguno de mis mejores amigos les veo muy de vez en cuando, y a algunos de ellos no les veo desde hace años, y sin embargo siguen siendo amigos, buenos amigos (o amigas).

Tampoco es relevante la cantidad de cosas que conozco de cada persona. De muchos no sé sus gustos musicales, ni si leen mucho o poco, qué lectura prefieren, su color favorito o la música que prefieren escuchar.

Entonces he decidido comparar lo que sé de mis amigos con lo que sé de Eva, mi chica.  De ella sé ciertamente muchas cosas, sé que le hace reír o llorar, que flores le gustan, cómo suena su risa, dónde tiene cosquillas, cómo está su pelo cuando se levanta y el sonido de su respiración cuando duerme tranquila.

Sé las cosas importantes. Pero sobre todo sé dos cosas, una cuáles son sus sentimientos hacia mí (llevamos 17 años juntos) y dos cuáles son mis sentimientos hacia ella.

Y si todo lo demás cambiara o perdiera su recuerdo, de estas dos últimas cosas seguiré estando seguro.

Así que, volviendo a mis amigos, lo que les hace especiales respecto al resto de personas que conozco, es que sé que siento hacia ellos. Conozco perfectamente mis sentimientos, y estoy bastante seguro de qué piensan y sienten ellos (y ellas) de mí. Al final, lo único importante son los sentimientos, los que se conocen y los que se creen conocer.

Lo cierto es que nos pasamos la vida intentando agradar a los demás; y uno de los mayores generadores de estrés es esa necesidad, el miedo a una mala opinión de otros.

Sin embargo esta presión podemos quitárnosla de encima. No es más que otra obligación auto impuesta.

Es importante centrar quién es la persona más importante para nosotros...

La persona más importante eres tú, para ti.

Sólo desde esta comprensión puedes valorar a los demás y puedes ofrecer lo que tú quieres.

La seguridad en uno mismo parte de la comprensión y de la aceptación de lo que somos,  de cómo y de quienes somos. Pasa por disculparme los errores que haya podido cometer y superar la sensación de humillación que los acompaña.

Y termina en la comprensión de cuál es el papel de los otros en nuestra vida.

Aquellas personas a las que queremos cuentan con nuestra comprensión y podemos hablar con ellos de cualquier conflicto,  en cualquier momento. Porque entendemos que su opinión importa,  y que puede cambiar lo que pensamos (cambiar de opinión es un  derecho irrenunciable).

Si los sentimientos cambian, todo lo demás pierde importancia. Por supuesto que tenemos derecho a cambiar, y a veces nos sentimos decepcionados por algo o por alguna cosa que ha hecho alguien y todo cambia. No veo ningún motivo que exija que se mantenga una relación que no se quiere mantener, que dejó de estar basada en sentimientos positivos y ha dado lugar al resentimiento, a la duda, al desprecio o, mucho peor, a la indiferencia.

Seguro que cuando una relación cambia, terceras personas se ven involucradas, pero eso no significa que tengamos que mantenerla para hacerles creer que todo sigue igual. La actitud, la forma de relacionarnos llamará la atención, y creará más dudas y más inquietud, especialmente en aquellas personas que aprecien a ambas partes.

Como todas las decisiones, acabar con una relación del tipo que sea es complicado. Y es una decisión propia, basada en las propias experiencias y pensamientos, y sólo en eso. Si hacemos o dejamos de hacer algo por no molestar o asustar a otras personas, tal vez descubramos que al final esas personas lo que querían es saber que pasaba en realidad, y si nos quieren, lo que desean es que estemos bien.

La solución a si se debe continuar una relación, la tiene en definitiva cada uno. Depende de las respuestas que demos a las preguntas ¿qué me mantiene aquí? ¿qué ha cambiado? ¿qué sigue igual? ¿qué ganaría?¿qué perdería?. Hazte estas preguntas debemos dirigirlas a ti. Las respuestas solamente las tienes tú.