jueves, 5 de marzo de 2015

A vueltas con el Neurocoaching. Coaching, Zona de confort y neuroplasticidad.

Las cosas no SON, sino que ESTÁN SIENDO. Eso permite el cambio.

Para entender  a qué me refiero cuando hablo de neurocoaching, es necesario partir de algunos conceptos previos.

Seguro que habéis oído hablar a Punset sobre neurolasticidad, que es la capacidad del cerebro, de nuestras redes neuronales, de cambiar, de adaptarse para aprender, o mejor dicho, al aprender. Lo hace creando conexiones neuronales, y esa actividad continúa durante toda la vida.

Las redes neuronales que se activan juntas se estructuran juntas, de modo que los “pensamientos” asociados se repetirán. Esas estructuras mentales asociadas a pensamientos generan dentro del encéfalo, péptidos, que se trasladan por el cuerpo produciendo otros efectos.

Lo explica mejor la Doctora Candace Pert:

“…la mente no está sólo en el cerebro, sino que existe en  todo el cuerpo … La mente y el cuerpo se comunican a través de unos químicos llamados péptidos.  Estos péptidos se encuentran tanto en el cerebro como en el estómago, en los músculos y en todos los órganos más importantes.”

 “Las memorias no sólo son almacenadas en el cerebro sino también en la red psicosomática que se extiende por todo el cuerpo, a lo largo de las conexiones entre los órganos hasta la superficie de nuestra piel.”

 (Del libro “Moléculas de la emoción. ¿Por qué te sientes cómo te sientes?”)

De este modo el aprendizaje, los hechos, el pasado y los sentimientos asociados a él, quedan almacenados no solo en el cerebro, sino también en el cuerpo. Así el estado emocional pasa de pasajero a “permanente”.

Otro científico, el Doctor Bruce Lipton, explica en su libro “Biología de la Creencia”:

“No  son  las  hormonas  ni  los  neurotransmisores  producidos  por  los  genes  los  que  controlan  nuestro  cuerpo  y  nuestra  mente;  son  nuestras  creencias  las  que  controlan  nuestro  cuerpo,  nuestra  mente  y,  por  tanto,  nuestra  vida...”

En sus estudios descubrió que los genes no determinan de forma inmediata el comportamiento de las personas (comportamiento físico), sino que esos genes están mediados por el entorno. Él lo explica mejor:

“La  ciencia de la epigenética, que significa literalmente «control sobre la genética»,  ha  cambiado  de  forma  radical  nuestra  visión  sobre  el  control  de  la  vida  (Pray,  2004;  Silverman,  2004).  Durante  la  última  década,  las  investigaciones  epigenéticas han establecido que los moldes de ADN que se transmiten a través  de  los  genes  no  están  localizados  en  un  lugar  concreto  en  el  momento  del  nacimiento. ¡Los genes no son el destino! Las influencias medioambientales,  entre  las  que  se  incluyen  la  nutrición,  el  estrés  y  las  emociones,  pueden  modificar esos genes sin alterar su configuración básica. Y los epigenetistas  han descubierto que esas modificaciones pueden transmitirse a las futuras  generaciones  de  la  misma  forma  que  el  patrón  del  ADN  se  transmite  a  través de la doble hélice (Reik y Walter, 2001; Surani, 2001).”

Por ambiente entendemos todo aquello que nos rodea, es decir, el entorno físico, las ideas y acciones de nuestros padres, las ideas y acciones del resto de nuestros familiares y del resto de personas que nos rodean. Y por supuesto, nuestras propias ideas y creencias que son al fin y al cabo, nuestro acompañamiento más permanente.

Los seres humanos, según lo expuesto hasta ahora, mantenemos un nivel de hormonas y péptidos (yo suelo decir que un nivel de drogas internas), que nos ancla a una zona de confort “física”, igual que nuestras creencias invalidantes nos mantienen en una zona de confort “mental”.

Y ahora volvamos al neurocoaching.

Modificando ideas y creencias somos capaces de salir de nuestra zona de confort mental y física.

Podemos modificar comportamientos, pero también aprendizajes y modelos impresos en nuestro “SER”. En definitiva podemos cambiar a otra forma de “SER”, alterando etiquetas, mochilas impuestas, ideas preconcebidas y creencias invalidantes.

Y si podemos cambiar la mente, también podemos cambiar el físico.

Existe una cierta evidencia de asociación entre la mente y el sistema inmune. Por ejemplo entre la depresión, el estrés y algunos tipos de cáncer.

También en sentido contrario es posible actuar, modificando nuestra forma de pensar, nuestras creencias invalidantes, podemos mejorar nuestro estado físico.

¿Cómo? Accediendo al software que programa nuestros actos, sobre todo los involuntarios, que programa la forma en que nos sentimos de forma habitual, mediante Coaching para reconocer objetivos, metas, creencias invalidantes, para poder hacer un cambio de observador; y además empleando herramientas como equilibrio hemisférico, relajación o meditación inducida.

Más información, como siempre, en www.gabinetesumar.com