martes, 13 de noviembre de 2012

Un poco de historia



Hasta hace algunas semanas me levantaba a las cinco de la mañana para caminar.

Saldría a correr, pero tengo una rodilla un poco estropeada porque hace veinte años me rompí todos los ligamentos y la cabeza de la tibia.

Un médico me dijo que difícilmente podría volver a andar, pero decidí no hacerle caso y he hecho todos los deportes que he querido y ahora que tengo algo más de cuerpo prefiero caminar.

Caminaba durante unos cuarenta minutos, aprovechando el buen tiempo que hacía.

El frío me ha hecho cambiar de horarios. Ahora me levanto a las cinco y media, salgo a andar a las seis y cuarto y me voy andando al trabajo. Una hora más o menos de caminata.

Mientras camino llevo música y tengo la mirada en el suelo, más o menos a tres metros delante de mí.

En estas condiciones, teniendo en cuenta que voy andando por la ciudad de Madrid, a las seis de la mañana, podría esperarse que fuera peligroso para mi integridad física.

Sin embargo tengo cierta seguridad en que no tendré ningún contratiempo. Esto es por que antes de salir me programo para detectar cualquier problema, cualquier circunstancia que pueda amenazarme.

El cerebro funciona con programas, como los ordenadores. Seguramente habréis oído hablar alguna vez de la Programación Neurolingüística (PNL), sistema que emplea fundamentalmente la reprogramación del pensamiento mediante el lenguaje.

Todos somos capaces de programarnos, de crear en el cerebro un programa que nos ayude a hacer algo de forma fácil. Por ejemplo, cuantos nos hemos despertado esa mañana que teníamos que hacer algo especial, antes de que suene el despertador.

Esos programas pueden ser positivos o negativos. A veces los programas son incrustados a nuestro pesar y crean actuaciones repetitivas poco efectivas. Son anclas negativas que otras personas o nosotros mismos colocamos en nuestro cerebro a base de repetir el mismo pensamiento negativo, las mismas palabras negativas.

Afortunadamente se pueden cambiar, y se pueden incrustar programas positivos. Son anclas positivas, de los que hablaré otro día.

Hoy voy a detenerme en una situación personal, que ya he comentado, y en como afronté esa información desde la consulta del médico.

Me había roto la rodilla esquiando (bueno, cayéndome por una pendiente con los esquíes puestos). Al ver las radiografías, los informes y como el cuerpo era capaz de girar casi 360º apoyado en el pie izquierdo sin mover la rodilla, el médico dijo: “bueno, a ver si conseguimos que vuelvas a andar”.

En ese momento mi pensamiento, mi vida interior, podría haber ido en dos direcciones, hacia una pendiente negativa, con una depresión asociada y la consiguiente inmovilización de mi propia capacidad de crecer; o hacia una cuesta, hacia arriba, pensando que con esfuerzo volvería a andar, y a correr (siempre que cuento esto me acuerdo de KuntaKinte, otro día me explico mejor).

En aquel momento llegó otro médico y me dijo que iba a operarme para recuperar la movilidad en la rodilla.

Me operaron cuatro meses después, reconstruyendo los ligamentos, una vez que el hueso de la tibia estuvo bien soldado (con unos tornillos).

Para entonces yo estaba convencido de que volvería a andar, a correr, a montar en bicicleta, a jugar al baloncesto y al futbol (bueno, yo lo llamo jugar, mis compañeros de equipo lo llamaban de una forma menos amable), a esquiar igual de mal que antes, a hacer espeleología y además de todo eso he hecho parapente, barraquismo, el Camino de Santiago, me he bañado en un río de Ecuador en el que el guía aseguraba que había pirañas, y he hecho todo lo que he querido. Y sabía que podría porque me había visto haciéndolo. Había reprogramado mi cerebro contra la afirmación de aquel médico sobre las posibilidades de andar.

Durante algún tiempo estuve yendo a trabajar con una muleta o con un bastón, y aún recuerdo a algunos compañeros preguntándome para que lo quería, si apenas lo apoyaba en el suelo.

Claro, yo soy de natural optimista, y siempre encuentro el lado positivo en cualquier situación. No es que vea la botella siempre medio llena, es que veo un trago más de buen vino en una botella a la que solamente le queda un dedo. Y es un trago que se puede compartir.

Sé que voy a conseguir lo que me proponga, y que el mundo se va a aliar en mi favor; bueno, en realidad no sé lo que el mundo hace o deja de hacer, lo que sí sé es lo que yo me propongo pensar acerca de la situación en la que me encuentre en cada momento, lo que yo quiero sentir, cómo me quiero sentir. Y también sé que esa sensación se transmite, igual que se transmite la depresión, hacia el exterior.

Y si lo que me he propuesto se vuelve imposible, entonces me paro a pensar por qué, y siempre descubro una razón por la que eso que yo quería no debía ser, al menos en ese momento, o bien no fue porque en el fondo yo no lo quería (ya he hablado en una entrada anterior sobre las oposiciones).

Imposible, es lo que no queremos hacer, lo que no intentamos, lo que nos decimos a nosotros mismos que no podemos hacer.

Es posible lo que empezamos y continuamos.

Hace 20 años no conocía las técnicas que ahora cuento. No sabía su nombre. Pero sí conocía su utilidad.

Bueno, repasemos un poco.

En primer lugar optimismo. Ahora esta de moda la psicología positiva, un paso más allá de mi manera de pensar. Seguramente habréis leído o oido hablar de “El Secreto”. Esa será la próxima entrada. La Psicología Positiva vista desde mi perspectiva.

Segundo, visualización. Verse en la situación deseada. Imaginarse consiguiendo las metas deseadas. Sentirse con ellas conseguidas. Esta técnica también vale para eliminar la ansiedad que asociamos a situaciones de estrés, por ejemplo a hablar en público, a hacer un examen oral o a saltar en paracaídas.

Seguiremos con programación mental, cómo darse instrucciones estando en relajación (a que habéis practicado un montón la técnica que propuse en una entrada anterior).

Será otra entrada.

En una tercera próxima entrada aprenderemos a eliminar esos programas negativos que alguien ha puesto en nuestro cerebro (da igual quién o cuando),son anclas negativas que podemos sustituir por anclas positivas, programas mentales en los que un gesto consciente, lanzado a propósito provoca una reacción programada por nosotros de seguridad, de tranquilidad, de concentración, de memoria…

En esa entrada hablaré sobre “el flujo”, o “la zona” para los deportistas, para que con práctica podáis entrar en ella mediante un ancla.

Sed felices, o no, según queráis.