jueves, 15 de noviembre de 2012

Optimismo y Psicología Positiva


Recientemente he leído en una revista del Colegio de Psicólogos (Papeles del Psicólogo, septiembre de 2012) una crítica importante y seria de la llamada Psicología Positiva.

Según la página Web http://psicologia-positiva.com:

“La psicología positiva es una rama de la psicología de reciente aparición que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, durante tanto tiempo ignoradas por la psicología. El objeto de este interés es aportar nuevos conocimientos acerca de la psique humana no sólo para ayudar a resolver los problemas de salud mental que adolecen a los individuos, sino también para alcanzar mejor calidad de vida y bienestar, todo ello sin apartarse nunca de la más rigurosa metodología científica propia de toda ciencia de la salud.”

Según uno de los artículos de la revista, después pongo el enlace, la Psicología Positiva es una especie de “magia simpática” carente de base científica.

Yo trato de mantener un obstinado optimismo frente a cualquier situación, pero me encuentro lejos de la especie de magia que adorna la psicología positiva según los artículos de los que os hablo.

Claro, que yo juego con ventaja. Tengo cerca el ejemplo de mi padre. Mi padre es un hombre polienfermo, tiene en su haber una lista de operaciones que asustaría a Frankestein,y en casi todas las especialidades (mi madre le dijo una de las últimas veces que solamente le faltaba que le atendiera un ginecólogo) Y siempre ha entrado al quirófano sonriendo y bromeando. En una ocasión le dijo al cirujano que le iba a operar de una arteria en el cuello: “sepa usted que si me muero es en contra de mi voluntad” y después se rio. En otra ocasión, después de que le hubieran cortado una pierna, a la pregunta del enfermero de cómo se encontraba, le dijo: “aquí, con un cacho menos”. Suele emplear su tiempo leyendo, escribiendo, jugando con el ordenador o al ajedrez, viviendo.

Su filosofía después de haber sufrido una durísima enfermedad es disfrutar de cada día como un regalo. Su forma de ser optimista le hace afrontar la vida mejor, yo solo he tenido que copiarle, y desarrollar esta idea del optimismo (con ayuda de buenas lecturas, y de otras no tan creíbles pero igualmente aleccionadoras).

Su optimismo no ha impedido que sufra algunas enfermedades, ni le ha llevado a rechazar la ayuda médica cuando ha sido necesaria. Hay una diferencia importante entre mantener el optimismo a estar obligado a ser optimista y feliz siempre, pase lo que pase.

Me explico.

Seguro que habréis oído hablar del libro “El Secreto”, del que ya he hecho comentarios anteriormente. La idea que subyace en este libro, asociada con la llamada “Ley de la atracción”, es que si tú mantienes una actitud positiva, el universo te devolverá positivismo, y riqueza (básicamente, las ideas son más complejas).

Esta idea de la actitud positiva, que en sí podría ser aceptable con matices como veremos, se pervierte cuando se va más allá, y se hace responsable a cada persona de todos y cada uno de los males que puedan sobrevenirle. Si tienes un cáncer, con positivismo el universo te ayudará a curártelo, y si no se cura es porque no has mantenido una actitud suficientemente positiva, culpa tuya. Y lo que vale para una enfermedad vale para el trabajo (o no tenerlo), para la pareja, para la vivienda, para la riqueza…

Así que de la crisis tenemos la culpa todos los que no hayamos sido suficientemente positivos.

Los enlaces para leer los artículos sobre este tema que han aparecido en Papeles del Psicólogo son goo.gl/NZ2eW y http://goo.gl/NZ2eW.

El planteamiento que sigo en mi vida es muy diferente. En primer lugar entiendo que existe en el mundo un componente de azar. Que pueden sucederme accidentes (de hecho tengo una colección de huesos rotos y un par de ellos sanos), que la vida es imprevisible, afortunadamente, y que muchas personas no tienen acceso a bienes básicos, y no es culpa de una falta de actitud positiva, sino el resultado de haber nacido en un lugar que no es el primer mundo.

Sin embargo yo mantengo una actitud optimista, y, como ya he contado antes, siempre veo agua (o vino, cerveza, sidra…) en la botella, aunque quede poca.

Miro muchas veces las matrículas de los coches, y le doy mucha importancia a los números que veo, pero no es superstición, es que he descubierto que cuando veo los números que me gustan me siento mejor, porque cuando me siento bien siempre encuentro los números que me gustan. Es la profecía que se cumple a sí misma, me siento bien, y por eso mi cerebro y mi vista se focalizan en encontrar los números que me gustan, y cuando los encuentro ¡entonces me siento bien! Me temo que no es el universo, es la capacidad de mi cerebro de encontrar cosas positivas en mi camino, capacidad que trabajo a menudo.

Esta es la diferencia fundamental entre la psicología positiva y mi forma de ver las cosas, lo que enseño a mis alumno-clientes: importa tu actitud, tu optimismo, tu capacidad de buscar soluciones a tus problemas, o de afrontar las situaciones sin salida o dolorosas sin desesperarte (todos sentimos dolor y pena a veces, pero no hace falta desesperarse, podemos evitarlo).

Y aquí aparece una zona de coincidencia entre las dos ideas. Según la más pura interpretación de la psicología positiva, puedes curarte de las enfermedades (tomemos esta situación como ejemplo paradigmático). Según la idea optimista, ver las cosas de forma positiva te ayudará a superar la situación negativa, a curarte más rápido si la enfermedad es curable, a vivir más y mejor si no lo es.

Podéis encontrar referencia a esta idea en el libro Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman, quien refiere unos estudios en concreto de Martin Seligman (que a su vez es el tenido por fundador del movimiento de la Psicología Positiva), voy a pararme un momento aquí.

Martin Seligman realizó una serie de estudios sobre el comportamiento humano en relación al Optimismo, y también en el sentido contrario, en como una idea negativa hace que no seamos capaces de ver una solución. Uno de sus experimentos con perros creó en estos un estado de incapacidad de actuar que llamó indefensión aprendida, y que se ha empleado como modelo de la depresión, en la próxima entrada hablaré más de este tema.

En definitiva parece que somos capaces de aprender lo bueno y lo malo.

Sin embargo no creo que haya que llegar al extremo. La “religión” positiva no permite que se empleen palabras como “malo” o “negativo”, porque entonces el universo recibirá esas palabras y responderá con desgracias.

Como dije en otra entrada, es importante buscar las palabras positivas, porque programan nuestra mente hacia lo positivo. Pero no se trata de que las palabras vayan a atraer al universo negativo; aunque me gusta mucho la Guerra de las Galaxias, la Fuerza de la que yo hablo es interior y no exterior.

No sé si el universo universal va a lanzar sobre mi un montón de rayos positivos que mejoren el estado de mi cabello, es más me importa un bledo, hace bastantes años que decir que me falta pelo es un eufemismo.

Lo que sí sé es cómo me siento yo cuando me hablo con lenguaje positivo, y que ese sentimiento de confianza se transmite a los demás a través de mi lenguaje no verbal; sé que cuando me siento así puedo sonreír a alguien a quien he pisado pidiéndole perdón, desactivando cualquier conato de enfurecimiento (en la próxima entrada hablaremos de como el enfado tiene un comportamiento realimentado desde el interior y de cómo detenerlo).

Bien, hemos visto cómo una actitud positiva sobre todo en el sentido de ser optimista y un lenguaje positivo, nos ayudarán a estar mejor con nosotros mismos, a afrontar la vida con más confianza y por eso, a encontrar mejores soluciones a los problemas.

Esto no significa que no vayamos a tener problemas o enfermedades, o que se solucionen por si solos, ni siquiera que tengamos que mantener una postura de felicidad continua, pase lo que pase.

En la siguiente entrada hablaremos del lado negativo, de como podemos aprender rápidamente a ser pesimistas o a sentirnos indefensos, a no sentirnos bien, de cómo el enfado se realimenta; pero volveremos a tomar la senda positiva dando un nuevo sentido a la frase Carpe Diem (gracias Patxo).