jueves, 18 de octubre de 2012

Estado de ánimo.



Esta semana ha sido complicada. Suelo escribir entradas los martes y los jueves, pero este martes no he podido.

Recordaréis que en otra entrada hablé de cómo ayudar a alguien a comprender y a aceptar la partida de un ser querido. Incluía un cuento.

El lunes finalmente una persona querida partió.

Lo normal es sentir pena, lo que podemos evitar es que esa pena nos impida continuar, caer en una depresión, en un estado mental de decaimiento al que acompaña un estado físico de cansancio.

Ya hablé de cómo mantener al ser querido en nuestros pensamientos, en nuestro recuerdo. Sentirnos orgullosos de haberlo conocido, y recordar sobre todo los buenos momentos.

Pero…cómo hacerlo.

Porque es difícil no llorar, no sentir pena continuamente.

El duelo, es decir, la fase en la que los sentimientos de pena se agolpan y nos impiden pensar en otra cosa, dura un tiempo que es distinto para cada persona. Ese duelo se repite en fechas señaladas, como su cumpleaños, Navidad, el aniversario de su partida, y otras según nuestros recuerdos.

Sin embargo no debemos permitir que ese duelo dure demasiado. Pronto debemos iniciar de nuevo nuestra vida, pues otros seres queridos siguen aquí y nos necesitan.

De nuevo: ¿cómo?

Los sentimientos de pena, de amargura, de desazón, igual que los de ira o incluso los de miedo sin sentido, se inician en el momento en que llega a la conciencia algún pensamiento relacionado con un recuerdo que genera ese sentimiento. Cuando no controlamos la llegada de ese sentimiento, nos invade y nos paraliza.

Una forma de tratar con esos pensamientos negativos, obstructores o que producen interrupciones en nuestras tareas tome demasiado protagonismo es detectarlos y detenerlos.

Lo primero será ser capaces de detectar los pensamientos “interruptores”, aquellos que hacen que dejemos la tarea de una forma u otra, o que no iniciemos una sesión de trabajo. Son pensamientos que nos hace evadirnos del objetivos, bien por ser derrotistas (“no se por qué hago esto si no me va a servir para nada”…); negativos (“no estoy consiguiendo mis metas al ritmo que me había propuesto”), simplemente de evasión, pensamientos que son espejo de nuestra muy humana pereza, o respecto a lo que estamos tratando, sentimientos de pena.

Recordar en todo momento, cuando se pierda la atención o se tengan “debilidades”, cuál es el objetivo, y en que medida la acción que estamos realizando permitirá cumplir los objetivos. Recordad en el caso de la pena que ese sentimiento no va a deshacer el tiempo, y que aquellos que se han ido no querrían vernos hundidos, sino continuar, que aquellos que nos quieren lo que desean es vernos bien.

Para romper la cadena de pensamientos negativos, el método es similar al que se emplea cuando se deja de fumar: mediante detención del pensamiento o mediante el uso de anclajes positivos que permitan volver al estado de concentración.

La detención del pensamiento consiste en parar nuestra mente, decirnos: ¡Vuelve!, y recuperar los objetivos, pensar en para qué estamos haciendo nuestro trabajo y recordar que tenemos un plan que cumplir; visualizarnos (durante un instante) con los objetivos cumplidos y con las ganancias en nuestra mano, vernos continuar en el tiempo, pensar que en el futuro continuarán los buenos recuerdos, y que la pena que se siente es solamente el reflejo del amor o de la amistad que se dio y se recibió.

Otra manera de mejorar el estado de ánimo, de elevarlo, es dedicar el tiempo a otras cuestiones. El cerebro humano tiende a dirigir la atención hacia una sola cosa, si ese trabajo es suficientemente motivador, los malos recuerdos se difuminarán.

Así que dedicad tiempo a trabajos que os gusten, a hacer un álbum de recuerdos, a elaborar una lista de todo lo bueno que os dio esa persona, a tareas de voluntariado, por ejemplo con amigos que necesiten ser escuchados (no a contar vuestras penas, sino en todo caso a compartir los buenos recuerdos, esas risas que os echasteis juntos).

Dedicar tiempo a los demás es un método excelente para que la pena se transforme en recuerdo, y los recuerdos que perduran son siempre los positivos.

En memoria de Fina, y como reconocimiento del esfuerzo, dedicación y amor que le dieron, especialmente, sus tres hijas.