jueves, 11 de octubre de 2012

Confianza y autoestima

Algunas personas aprenden de sus errores. Y cuando tienen un fracaso no se rinden sino que buscan dónde fallaron y tratan de mejorar.

Son personas optimistas (os recomiendo otra vez el libro Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, http://goo.gl/vuczI).

Algunas personas encuentran una motivación interior para continuar, motivación que se encuentra en su pensamiento positivo. Son personas con un alto nivel de expectativas (Snyder) que confían y esperan alcanzar buenos resultados en su vida.

Ejemplos de esa motivación interior se encuentran en algunos deportistas que, cuando pierden un partido o una carrera, lejos de venirse abajo, renuevan su esfuerzo para ganar la siguiente. Matt Biondi, un nadador del equipo olímpico americano en 1988 es un ejemplo. En las dos primeras finales que disputó quedó tercero y segundo; como era una gran promesa del deporte que no conseguía obtener lo esperado tal vez algunos pensaran que se iba a venir abajo. Sin embargo lo que hizo fue ganar la medalla de oro en las cinco siguientes pruebas.

Más recientemente he visto un comportamiento similar en un tal Michael Phelps en las olimpiadas de Londres de 2012.

Martin Seligman, un importante psicólogo americano, define el optimismo como la forma en que algunas personas se explican a si mismos sus éxitos y sus fracasos. Los optimistas buscan qué deben cambiar para mejorar. Los optimistas actúan frente a los contratiempos de forma activa.

Es cierto que a veces las circunstancias que nos rodean parecen demostrar nuestra incapacidad para una tarea, o para resolver cualquier problema. En una próxima entrada trataré de este tema, el síndrome de indefensión aprendida, cuyo modelo estudió precisamente Seligman.

Ahora voy a dirigirme precisamente en la dirección contraria, en la del fomento de la confianza y de la autoestima.

Vamos a evaluar la autoestima mediante el siguiente TEST

  TEST DE AUTOESTIMA (este es un simple test de prueba, no significa nada más que una orientación del sentido en el que mejorar).

   Responda evaluando del 1 al 5 según el grado en que esté de acuerdo con las siguientes afirmaciones (1 nada de acuerdo, 5 muy de acuerdo):

   1 Me gustaría valorarme más.

   2 Repasando mi trayectoria profesional y personal, creo que tengo muchos motivos para sentirme orgulloso.  

   3 Tengo una actitud positiva respecto a mi mismo.

   4 A veces me siento inútil.

   5 La mayoría de mis cualidades son buenas.

   6 Estoy seguro de que puedo hacer las cosas tan bien como la mayoría de la gente.

   7 En general me siento satisfecho de mi mismo.

   8 Soy una persona digna de aprecio por los demás.

   9 Muchas veces pienso que no sirvo para nada.

   Sume las respuestas dadas en las frases 2, 3, 5, 6, 7 y 8; reste las respuestas para 1,4 y 9. Si el total es cercano 27 su autoestima es buena; cuanto más bajo sea el resultado final, más importante es quererse.

Aun cuando no son conceptos equivalentes, la autoestima es definitoria de la confianza que tengamos en conseguir nuestros objetivos. Por eso es fundamental “caernos” bien, al fin y al cabo somos la única persona con la que obligatoriamente tenemos que convivir toda la vida. Tener una visión positiva de la vida y de nosotros.

Se puede ganar confianza, autoestima.

Un método es mantener “conversaciones” con uno mismo, en las que el lenguaje utilizado sea siempre positivo (ya he tratado de esto), cambiando los verbos y las etiquetas. En vez de decirse “tengo que…”, “debería …”, vamos a utilizar “voy a…” y “estoy…”. Este último verbo implica para el subconsciente un gran impulso pues supone que la acción no solamente se está realizando, sino que se están consiguiendo los objetivos. El lenguaje que utilizamos en las conversaciones con nosotros mismos es primordial, pues influye en el subconsciente.

En apoyo de la confianza, “elegir”. En el momento en que “flaquean” las fuerzas, “elegir”: “¡elijo estudiar / trabajar / entrenar!”

A veces somos nosotros los que minamos nuestra confianza al establecer barreras asentadas en creencias erróneas: qué es necesaria la aprobación de los otros en todo lo que hagamos o que siempre se ha de ser competente y hacer todo a la perfección, entre otras.

Para vencer estas barreras hay centrarse en el presente, en lo que hacemos, y hacer la tarea que nos hemos marcado, tan bien como podamos, pero para nuestro beneficio y aprobación, y no para lo que los demás quieren. Aquellas personas que hacen cosas pensando sólo o principalmente en lo que otros vayan a pensar, estará perdiendo buena parte del gusto por la acción en sí, del disfrute del resultado y del camino.

En resumen: eliminad las obligaciones pesadas, los “tengo que…(adelgazar suele ser un verbo que termine esta frase” y sustituirlo por “estoy comiendo menos”, “estoy haciendo deporte”, “elijo no comer ese postre”. La elección voluntaria, pensando tan solo en la mejora de salud que sentiremos, en el gusto por haberlo hecho bien, y no en si otros nos ven o nos dejan de ver gordos, porque seguro que a alguien no le gusta nuestro cuerpo.

Comenzad por cosas sencillas y aplaudiros mentalmente cuando las hagáis. Y cuando algo no salga bien, buscad qué falló, qué podría ser mejorado, sin buscar culpables, ni, por supuesto, culpabilizarnos a nosotros mismos. El remordimiento por lo que se ha hecho o dejado de hacer no sirve, absolutamente, para nada.